EL IDEARIO SOCIAL CRISTIANO
Pensamiento social cristiano y partidos políticos

El pensamiento social cristiano se basa en la doctrina social de la Iglesia católica. En cuanto se convierte en un "conjunto de ideas y valores concernientes al orden político que tienen la función de guiar los comportamientos políticos colectivos" se lo puede considerar como una ideología política que compite, en el mundo del siglo XX, con otras, como la social democracia, el comunismo o el liberalismo. La definición de sus contenidos remite a la doctrina social de la Iglesia que cobra forma a partir de 1891 cuando el Papa León XIII emite la famosa encíclica Remm Nouamm.. Lo que allí se plantea es una critica a las consecuencias sociales de la industrialización y se señala el imperativo de que el estado intervenga en favor de los económicamente débiles. La Iglesia católica, a. través de la suprema autoridad del pontífice romano, intervenía así en la llamada "cuestión social" introduciendo una nueva fuerza ideológica, a mitad de camino entre el capitalismo liberal y la crítica radical de anarquistas y socialistas. La propuesta católica no estuvo en soledad por mucho tiempo. Casi enseguida aparecieron también fórmulas de reforma al capitalismo provenientes del pensamiento secular, como el laborismo inglés y el socialismo democrático liderado por E.Bernstein. Al provenir de sindicatos y partidos organizados, estas últimas propuestas tuvieron expresiones políticas inmediatas. Para los católicos, en cambio, la situación era más complicada y de hecho sólo en la Europa del período de entreguerras se produjo el florecimiento de partidos políticos fuertemente influidos por la doctrina social de la Iglesia.

En el siglo XIX, y frente al incontenible avance del liberalismo, se desarrollaron dentro del catolicismo dos tendencias, habitualmente denominadas catolicismo "liberal" y catolicismo "intransigente". La primera fue practicada por quienes aprobaban y querían utilizar las instituciones liberales y parlamentarias: la segunda por quienes añoraban la situación política y social anterior a la Revolución Francesa, en la cual, como bien se sabe, no existían ni la libertad de cultos ni la separación entre Estado e Iglesia

Los papas Gregorio XVI y Pío IX defendieron con ardor la segunda opción. La doctrina social de la Iglesia surge de ambas corrientes y no sólo, como podría pensarse, de la primera opción. Mientras que en muchos aspectos el catolicismo intransigente de la segunda mitad del siglo XIX constituye una visión romántica y reaccionaria que se opone al paso de los tiempos, en otros, prepara una conceptualización crítica de las relaciones sociales cuyos ecos llegan hasta hoy día. En efecto, en la búsqueda de una fundamenta ción filosófica contra el individualismo triunfante desde la Revolución Francesa se produjo un regreso al pensamiento de Santo Tomás de Aquino. La condena de la usura, la doctrina del justo precio y la conceptualización tomista del bien común adquirieron así en un contexto muy diferente de lo que había sido la cristiandad europea del siglo XIII, nuevas significaciones y tuvieron repercusiones igualmente inéditas. Otro aspecto que debe recordarse es que la doctrina tomista defendía un iusnaturalismo que se proclamaba superior, en la jerarquía de valores, al derecho positivo representado por la legislación de los estados. Así las cosas, no es extraño que el pensamiento tomista se constituyera en una base tan sólida en los argumentos como tradicional en las raíces profundas que lo unían a la historia de la Iglesia, para fundamentar la crítica cristiana del individualismo liberal. De hecho, la encíclica leonina de 1891 fue precedida por otra, denominada Aeterni Patris en 1879, en la cual las enseñanzas de Santo Tomás fueron convertidas en doctrina de la Iglesia. Dicho en otros términos, la encíclica Rerum Novarum no fue simplemente la puesta al día de la Iglesia, que de repente cedía ante el paso de los tiempos. Esto es cierto pero superficial. En el fondo había un replanteamíento radical que llevaba implícita la idea de superioridad del derecho natural sobre el derecho positivo expresado en la legislación del estado moderno. Las potencialidades de esa crítica sólo se irán desplegando durante el siglo XX, y puede incluso sostenerse que en el umbral del cambio de milenio, no han sido aún agotadas.

Los papas Gregorio XVI y Pío IX defendieron con ardor la segunda opción. La doctrina social de la Iglesia surge de ambas corrientes y no sólo, como podría pensarse, de la primera opción. Mientras que en muchos aspectos el catolicismo intransigente de la segunda mitad del siglo XIX constituye una visión romántica y reaccionaria que se opone al paso de los tiempos, en otros, prepara una conceptualización crítica de las relaciones sociales cuyos ecos llegan hasta hoy día. En efecto, en la búsqueda de una fundamenta ción filosófica contra el individualismo triunfante desde la Revolución Francesa se produjo un regreso al pensamiento de Santo Tomás de Aquino. La condena de la usura, la doctrina del justo precio y la conceptualización tomista del bien común adquirieron así en un contexto muy diferente de lo que había sido la cristiandad europea del siglo XIII, nuevas significaciones y tuvieron repercusiones igualmente inéditas. Otro aspecto que debe recordarse es que la doctrina tomista defendía un iusnaturalismo que se proclamaba superior, en la jerarquía de valores, al derecho positivo representado por la legislación de los estados. Así las cosas, no es extraño que el pensamiento tomista se constituyera en una base tan sólida en los argumentos como tradicional en las raíces profundas que lo unían a la historia de la Iglesia, para fundamentar la crítica cristiana del individualismo liberal. De hecho, la encíclica leonina de 1891 fue precedida por otra, denominada Aeterni Patris en 1879, en la cual las enseñanzas de Santo Tomás fueron convertidas en doctrina de la Iglesia. Dicho en otros términos, la encíclica Rerum Novarum no fue simplemente la puesta al día de la Iglesia, que de repente cedía ante el paso de los tiempos. Esto es cierto pero superficial. En el fondo había un replanteamíento radical que llevaba implícita la idea de superioridad del derecho natural sobre el derecho positivo expresado en la legislación del estado moderno. Las potencialidades de esa crítica sólo se irán desplegando durante el siglo XX, y puede incluso sostenerse que en el umbral del cambio de milenio, no han sido aún agotadas.

 

espués de la Primera Guerra Mundial surgieron en Europa los primeros partidos en que fue visible la influencia de la doctrina social de la Iglesia: el Partido Popular La expresión del pensamiento social cristiano en partidos políticos tardó en concretizarse, Al comienzo se trató de partidos católicos que defendían los privilegios tradicionales de la Iglesia, amenazados o recortados por el avance liberal, o que asumían la defensa de los intereses de los católicos frente a otras religiones. Dicho en breve, se trataba de movimientos confesionales poco relacionados con las cuestiones sociales. Italiano (fundado por Luigi Sturzo en 1919). el Partido Social Popular (España. 1922), el Partido Democrático Popular [Francia, 1924) y el Partido Popular de Checoeslovaquia. Pero el ascenso del fascismo puso rápido fin a esas primeras experiencias. Baste como ejemplo el caso de Alcide de Gasperi, el futuro gran dirigente del Partido Demócrata Cristiano italiano después de 1945. Siendo militante del partido de Sturzo fue detenido por Mussolini en 1927 y sólo salió libre en

1929 por mediación del Papa en ocasión de firmarse el Tratado de Letrán; de Gasperi pasó los siguientes catorce años de su vida refugiado, como funcionario de la biblioteca del Vaticano. Las cosas cambiaron al terminar la Segunda Guerra Mundial, En Alemania occidental y en Italia, donde el fascismo derrotado había dejado un gran vacío, la vida política fue dominada casi enseguida por nuevos partidos de orientación cristiana. En. ambos casos, la presencia de viejos dirigentes muy experimentados fue crucial. Konrad Adenauer (1876-1967) formó la Unión Demócrata Cristiana (C.D.U.) y fue canciller de la República Federal de Alemania desde 1949 hasta 1963, convirtiéndose en el político europeo más brillante y exitoso de los años cincuenta. Alcide de Gasperi (1881-1954) fue primer ministro desde 1945 hasta 1953 y le tocó reconstruir la economía italiana preparando su inserción futura en la Comunidad Económica Europea. En ambos casos la Democracia Cristiana se convirtió en una fuerza política de primer orden localizada en el "centro" del espectro político, con social demócratas y comunistas hacia la izquierda, y partidos conservadores tradicionales hacia la derecha. En el contexto polarizado e inseguro de la "guerra fría" la Democracia Cristiana ofrecía una alternativa moderada al socialismo respondiendo también a las demandas sociales de redistribución y reparto de los frutos del desarrollo económico.

La trayectoria europea se repite en cierto modo en los países latinoamericanos. Durante el siglo XIX la defensa de los intereses católicos fue asumida por los grupos conservadores en abierta pugna con los intereses liberales. En todos los países -excepción hecha de Colombia , la Iglesia perdió su posición tradicional y los estados se secularizaron: hubo leyes de Registro Civil, enseñanza laica y una reducción drástica del poder económico eclesiástico. La organización de partidos católicos fue rara, y cuando ocurrió éstos no tuvieron larga vida. Lo más usual fue que los intereses católicos se expresaran a través de los partidos conservadores teniendo poco o nada que ver con la naciente doctrina social de la Iglesia.

No podía ser de otra forma en repúblicas donde el liberalismo casi no tenia contrincantes y el personalismo se imponía en una vida política manejada por las oligarquías exportadoras. Para el cambio habrá que esperar la llegada de la cuestión social, esto es, del conflicto y los sufrimientos de las clases trabajadoras. Eso ocurrirá alrededor de la Primera Guerra Mundial y alcanzará contornos muy dramáticos durante la depresión de los años 1930. Las respuestas políticas a este nuevo contexto, caracterizado por una participación activa de las clases trabajadoras, fueron extremadamente variadas y no es posible resumirlas aquí. Se puede afirmar, sin embargo, que en todas ellas, y asumida por diferentes grupos y fuerzas políticas, la doctrina social de la Iglesia jugó un papel importante. La aparición de Partidos Demócratas Cristianos no tuvo que ver con la mayor o menor difusión del pensamiento social cristiano sino con circunstancias políticas muy particulares de cada país y la capacidad de los dirigentes para abrir y ocupar un espacio político en que estaban surgiendo partidos "modernos". Es en este contexto donde se produce la fundación y desarrollo del COPEI ( Comité de Organización Política Electoral Independiente) en Venezuela y del Partido Demócrata Cristiano en Chile.

El caso de Costa Rica puede ahora enmarcarse dentro del contexto europeo y latinoamericano. La encíclica Remm NovanLm llegó a Costa Rica en 1891 y fue publicada por entregas en EÍ Mensajero del Clero, una revista eclesiástica que había sido fundada por el Obispo Thíel. Fuera de los círculos católicos próximos a la curia fue poco conocida y en todo caso no originó debate o comentario alguno. El hecho es que en esos años, y a pesar de que existía el Partido Unión Católica desde 1889, los temas centrales de discusión no tenían que ver con problemas sociales sino con las relaciones entre la Iglesia y el Estado. En efecto, las leyes anticlericales de 1884 habían secularizado los cementerios, expulsado a los jesuítas y al mismo Obispo Thiel, y declarado la caducidad del Concordato que databa de 1850.

Enseguida, el gobierno había cerrado los colegios religiosos proclamando el carácter laico y obligatorio de la educación común. La situación de tensión continuó hasta que, con motivo de las elecciones presidenciales de 1886, se llegó a un nuevo modus vivendi con la Iglesia y el gobierno autorizó el regreso de Monseñor Thiel a su diócesis. La legislación liberal anticlerical continuó expandiéndose en los años siguientes: se promulga el Código Civil en 1887 (allí se establecen el matrimonio civil y el divorcio), y en 1888 se decreta el cierre de la Universidad de Santo Tomás. Es en estas circunstancias de conflicto que aparece el Partido Unión Católica.

 

Su carácter es claramente confesional, lo cual puede corroborarse en el programa de acción formulado para las elecciones de 1894 y en la participación abierta de muchos sacerdotes que no dudan en usar el pulpito como tribuna política. Lo que sigue es bien conocido: en las elecciones de segundo grado triunfó mediante el fraude y la violencia el Lie. Rafael Yglesias, candidato oficial del gobierno. En 1895 quedó aprobada una reforma constitucional prohibiendo cualquier forma de propaganda política que invocara motivos o creencias religiosas. Aunque la disposición era muy general es obvio que lo que se buscaba era poner ñn a la vida política del Partido Unión Católica- En medio de estos episodios es sintomático lo que ocurre con la encíclica Rerum Nouarum. Ya se dijo que su difusión inicial fue escasa. En setiembre de 1893 el Obispo Thiel emitió su Trigésima Carta Pastoral "sobre el justo salario de los jornaleros y artesanos y otros puntos de actualidad que se relacionan con la situación de los destituidos de bienes de fortuna", la cual se basó al pie de la letra en la encíclica leonina y fue publicada en la prensa de aquellos

días. La reacción del gobierno no se hizo esperar y en una nota dirigida al Obispo se lo acusa de difundir doctrinas erróneas que pueden llegar a alterar la tranquilidad pública. Como Thiel no volvió a tocar temas económicos y sociales en otras cartas pastorales Luis Demetrio Tinoco asevera que así fue como "el conocimiento y la difusión de la doctrina social cristiana quedaron cortados en agraz".



En la Costa Rica de la típica república liberal (1870-1940) los partidos políticos ^ran apenas algo más que agrupaciones formadas con vista en las elecciones, alrededor de un líder o candidato. El personalismo o caudillismo era así corriente y en muchos casos la agrupación no sobrevivía a la contienda electoral. Estos rasgos son visibles aún en el caso del Partido Unión Católica, el cual por su carácter confesional ha sido calificado como "primer partido ideológico de Costa Rica".

Enseguida, el gobierno había cerrado los colegios religiosos proclamando el carácter laico y obligatorio de la educación común. La situación de tensión continuó hasta que, con motivo de las elecciones presidenciales de 1886, se llegó a un nuevo modus vivendi con la Iglesia y el gobierno autorizó el regreso de Monseñor Thiel a su diócesis. La legislación liberal anticlerical continuó expandiéndose en los años siguientes: se promulga el Código Civil en 1887 (allí se establecen el matrimonio civil y el divorcio), y en 1888 se decreta el cierre de la Universidad de Santo Tomás. Es en estas circunstancias de conflicto que aparece el Partido Unión Católica. Su carácter es claramente confesional, lo cual puede corroborarse en el programa de acción formulado para las elecciones de 1894 y en la participación abierta de muchos sacerdotes que no dudan en usar el pulpito como tribuna política. Lo que sigue es bien conocido: en las elecciones de segundo grado triunfó mediante el fraude y la violencia el Lie. Rafael Yglesias, candidato oficial del gobierno. En 1895 quedó aprobada una reforma constitucional prohibiendo cualquier forma de propaganda política que invocara motivos o creencias religiosas. Aunque la disposición era muy general es obvio que lo que se buscaba era poner fin a la vida política del Partido Unión Católica.

 

Las reformas sociales del Dr. Calderón Guardia

En su mensaje inaugural dirigido al Congreso Constitucional el 8 de mayo de 1940 el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia señaló lo siguiente:

"La nueva administración sustenta, en lo político, la doctrina del cristianismo social, tal como lo exponen las admirables encíclicas de León XIII y Pío IX. y como lo sintetizara el Cardenal Mercier en su 'Esbozo de una Síntesis Social'. Sólo el sentimiento de fraternidad lealmente sentido y practicado, puede dar soluciones definitivas a los conflictos humanos; sólo por una equilibrada cooperación de todas las fuerzas sociales dentro de un régimen de derecho que excluya enérgicamente los abusos de indebidos poderíos, se llegará a la conciliación de intereses, necesaria para que todos los miembros de la comunidad se sientan solidarios en la obra edificante de elevar cada día más el nivel espiritual y material de Costa Rica."

Como se demostró enseguida la declaración no tenía nada de retórica. Durante su gobierno el Dr. Calderón Guardia propuso y logró la aprobación por el Congreso de un amplio conjunto de reformas sociales directamente inspiradas en la doctrina social de la Iglesia; seguro social, código del trabajo y un capítulo de "garantías sociales" incorporado a la Constitución. Las garantías sociales, aprobadas en 1943, establecieron entre otras cosas el derecho al trabajo, a un salario mínimo, a vacaciones pagadas, a la huelga y a la sindicalización.

El estado se comprometió a apoyar las cooperativas y el financiamiento de la vivienda popular mientras que

se prohibía toda discriminación salarial en perjuicio de las mujeres y los trabajadores rurales. Las garantías sociales también incluyeron la creación de tribunales de trabajo, la emisión de un Código de Trabajo y el establecimiento de un seguro social contra los riesgos de enfermedad, invalidez, maternidad, vejez y muerte mediante una contribución forzosa tripartita (Estado, patronos y trabajadores). Para administrar el seguro social se creó una nueva institución denominada Caja Costarricense de Seguro Social, la cual a partir de 1943 tuvo el carácter de ente autónomo. Otros aspectos complementarios pero importantes fueron la derogación de las leyes anticlericales de 1884, efectuada en 1942, y la creación de la Universidad de Costa Rica en 1940.


Para apreciar debidamente el alcance y carácter de las reformas impulsadas por el gobierno de Calderón Guardia conviene tener presentes cuatro puntos fundamentales. En primer lugar hay que notar los rasgos personales del Dr. Calderón: su firme convicción cristiana, su devoción católica y su figura carismática. En segundo lugar, el hecho de que en abril de 1940 sube a la silla arzobispal Monseñor Víctor Sanabria, un antiguo compañero de colegio del Dr. Calderón y decidido abanderado de la doctrina social de la Iglesia. En tercer lugar, hay que tener presente que con la creación del Partido Comunista en 1931 y sobre todo después de la gran huelga bananera de 1934, la llamada "cuestión social" no era simplemente una materia de sufrimientos sino algo políticamente explosivo y por ende peligroso. En cuarto lugar, hay que reconocer que las reformas provocaron una airada reacción de los sectores capitalistas conservadores, la cual también se extendió a algunos sectores medios. Vamos a considerar ahora estos cuatro puntos con más detenimiento.

 

El Dr. Calderón Guardia nació en San José en 1900 en el seno de una familia pudiente y tradicional. Su padre, el Dr. Rafael Calderón Muñoz (1869-1943) era un católico convencido y buen conocedor de la doctrina social de la Iglesia. Dirigió la revista "La Justicia Social" (1902-04), formó el partido La Unión Demócrata en 1905 y fue electo diputado en 1912. En 1917 el Dr. Calderón Muñoz era miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y logró que en la nueva constitución se estableciera la obligación del estado de proteger a los trabajadores. Aunque la disposición fue de corta vida ya que al caer el régimen de Tinoco en 1919 dicha constitución fue derogada, vale la pena reproducirla:

"Es obligación, del Estado velar por el bienestar de las clases trabajadoras, y para ello dictará las leyes necesarias; a falta de iniciativa social promoverá, y en todo caso apoyará en la medida de sus recursos, las instituciones que tengan por objeto armonizar sobre bases de Justicia las relaciones entre patronos y obreros, y las que tiendan a mejorar la condición económica de éstos y a ampararlos en caso de enfermedad, vejez o accidente, paro de trabajos u otras circunstancias de desgracia independientes de su voluntad. "

En 1920 el Dr. Calderón Guardia ingresó a la Universidad de Lovaina (allí también había estudiado su padre) pasando después a la Universidad Libre de Bruselas, donde en 1927 se graduó como médico cirujano. La estadía en Bélgica no solo le brindó una formación profesional; allí conoció el Código Social de Malinas elaborado bajo la dirección del Cardenal Mercier y publicado por primera vez en 1927. Dicho texto, del cual hubo nuevas ediciones en 1935 y 1950, es una síntesis de la doctrina social de la Iglesia muy rica en indicaciones técnicas y prácticas.

Al regresar a su patria ejerce la profesión de médico y pronto también actúa en política: regidor de la municipalidad de San José (1930-34) y diputado (1934-39), siendo presidente del Congreso Constitucional en 1938 y candidato presidencial del Partido Republicano Nacional en 1939-40. Como médico el Dr. Calderón siguió el ejemplo de su padre: entendió la profesión como un servicio a los demás y nunca escatimó el apoyo a los más necesitados.

De esas experiencias concretas, forjadas en el sufrimiento diario, derivó una convicción creciente de que la doctrina social de la Iglesia ofrecía la mejor solución para enfrentar la miseria y llegar a una solución realista de la "cuestión social". En suma, quien llega a la presidencia en 1940 es un hijo de la oligarquía cafetalera íntimamente decidido a llevar adelante una reforma social de inspiración social cristiana.

El nuevo arzobispo de San José, Monseñor Víctor Sanabria Martínez (1899-1952) nació en San Rafael, muy cerca de Cartago, y fue ordenado sacerdote en Roma en 1921. Allí también obtuvo un doctorado en Derecho Canónico y estudió en profundidad el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, ubicándose bajo la clara influencia filosófica de Jacques Maritain. Al regresar a Costa Rica ocupó importantes posiciones dentro de la administración del Arzobispado llegando a ser nombrado Vicario General en 1935; desde ese puesto le tocó hacerse cargo de la recién creada "Acción Católica", una organización de la Iglesia en que los laicos colaboraban en el apostolado jerárquico. En 1938 Sanabria fue nombrado Obispo de Alajuela y en 1940 llegó a ser nombrado Arzobispo de San José. Además de pastor Monseñor Sanabria fue también un distinguido historiador. Sus primeras publicaciones en este campo datan de 1927 y sólo se interrumpen años después de su muerte ya que dejó una voluminosa obra inédita; su principal preocupación en este campo fue la historia de la Iglesia costarricense y en particular el estudio en profundidad de la gestión de sus obispos.

Monseñor Sanabria inauguró su episcopado con una carta pastoral en la que toca, entre otros, tres temas que interesa subrayar aquí: las dificultades con que tropieza la Acción Católica, las respuestas que la Iglesia ha dado a la cuestión social y los avances que ha experimentado el comunismo en el país. Sobre la Acción Católica lamenta las dificultades con que ha topado una organización que considera de gran importancia pero ocurre que "el terreno [...1 carece de aquella fecundidad que al principio suponíamos en él". En cuanto al segundo retoma los principios básicos de las encíclicas Remm Novarum (1891) y Quadragesimo Armo (1931) y enseguida se pregunta qué puede hacerse en favor de la cuestión social.

Constata que no hay partidos políticos que hayan incorporado en su programa los principios social cristianos y señala que sólo con la intervención ordenada de la Iglesia, el estado y las partes interesadas es posible llegar a soluciones prácticas. Sobre los comunistas Monseñor Sanabria muestra preocupación debido a sus avances en el país y rechaza de plano la solución que proponen para la cuestión social; luego afirma su convicción de que "determinadas inquietudes de orden social, que se han acogido a los campamentos comunistas, podrían encontrar su interpretación sana y ortodoxa, y por lo tanto católica, en otras agrupaciones políticas nuevas o antiguas." En su VI Carta Pastoral, leída el 29 de junio de 1941, Monseñor Sanabria festeja el cincuenta aniversario de la encíclica Rerum Nouarum y apoya en forma decidida las reformas sociales emprendidas por el gobierno del Dr. Calderón Guardia;no duda en decir:"Por la nobleza de los fines de estas disposiciones legales, creemos igualmente que, salvo casos excepcionales, no pueden éstas considerarse como simples leyes fiscales, sino como justa contribución de la riqueza y de los ricos al bienestar de la comunidad en que viven y que les asegura su propia tranquilidad."

El Partido Comunista había sido fundado en 1931. Sus jóvenes dirigentes eran estudiantes de derecho vinculados a organizaciones de obreros y artesanos ya existentes en el país. Aunque adhirieron a la III Internacional y tuvieron desde el comienzo una retórica revolucionaria y antí-imperialista, en los hechos, lo que se propusieron fue un programa de reformas destinado a mejorar las condiciones de vida de las clases trabajadoras. A partir de 1934, y con el nombre de "Bloque de obreros y campesinos", este grupo participó en las elecciones presidenciales y legislativas logrando elegir dos diputados al Congreso Constitucional en 1934. Era un partido pequeño pero bien organizado y cohesionado por fuertes motivaciones ideológicas. La gran huelga bananera de 1934 fue organizada y liderada por dicho partido; en ella se movilizaron miles de trabajadores durante varios meses y el gobierno tuvo que intervenir para facilitar las negociaciones con la United Fruit Company y garantizar el orden público. A pesar de que varios delos dirigentes del partido fueron a prisión, a mediano plazo la huelga fue exitosa ya que casi todas las peticiones de los trabajadores quedaron poco a poco incorporadas en los contratos bananeros.
Hacia 1936 el Partido Comunista modifica formalmente su línea de acción y se pronuncia por "un comunismo tico"; las principales tareas políticas se orientarían hacia la defensa y perfeccionamiento del régimen democrático, el respeto a los credos religiosos, las
tradiciones nacionales, la familia y la pequeña propiedad, todo en pro de una lucha contra la miseria y la opresión económica de las masas populares. Así formulada, la plataforma ideológica del comunismo tico no se diferenciaba gran cosa de lo que habían sido, en su esencia, los propósitos del reformismo liderado por Jorge Volio en la década de 1920. Al evaluar la trayectoria de Volio conviene recordar la apreciación de Luis Demetrio Tinoco, quien, al preguntarse sobre si Volio podía ser considerado como precursor del social cristianismo, responde que no, que más bien lo fue de la reforma social en general.

Consideremos ahora el último de los cuatro puntos propuestos; la reacción que provocaron las reformas del Dr Calderón Guardia y la alianza política que se gestó para respaldarlas. Un politice que ocupó varios cargos de gobierno importantes en la década de 1940 escribió lo siguiente:

"Recuerdo que siendo tan solo un entusiasta de la reforma, sentí y viví en mí propia carne la dureza de la oposición a los proyectos de Rafael Ángel. Muchos de mis parientes cercanos me cobraban mí supuesto comunismo, porque aquellas ideas eran para ellos comunistas: me alejé de ramas muy queridas de mi familia, por el resentimiento que produje en ellas al convertirme con mi modestísima participación en los proyectos en cómplice de una 'reforma comunista'. Lo mismo que en grande sufrieron Monseñor Sanabria y el Dr. Calderón. /..J Hubo dos factores que asustaron al capitalismo. Uno, la presencia por primera vez en nuestra historia política de grandes movimientos de masas y el otro, el hecho de que gran parte de los capitalistas eran hombres de méritos pero de poca preparación académica, que no comprendieron de qué se trataba. /.../No se me olvida que dictadas ya las reformas sociales, era tanta la propaganda que hacían los reaccionarios contra la política social de Calderón que incluso a los campesinos llegaron a conjúndirlos, máxime porque al tratarse de políticas innovadoras, se anticipaban a la comprensión de la mayoría de los costarricenses de la época. "

A esta reacción básica de los sectores conservadores se agregaron otras, producto de los juegos y de las circunstancias políticas, como el conflicto entre el Dr. Calderón y el ex-presidente León Cortés por el control del Partido Republicano Nacional, y el odio de muchos cafetaleros por la política anti-ale-mana del gobierno en el contexto de la guerra mundial. Los conflictos se volvieron más serios a medida que avanzaba la aprobación de las reformas (el Código de Trabajo fue la más resistida por los empresarios capitalistas) y se avecinaban también las elecciones de 1944. Algunos han mencionado incluso la existencia de un supuesto golpe de estado para acabar con el gobierno del Dr. Calderón. Como quiera que sea. lo cierto es que en 1943 se produjo una alianza política que tuvo la finalidad clara de sostener las reformas sociales y apoyar al gobierno. El Partido Comunista se auto-disolvió el 13 de junio de 1943 convirtiéndose en una nueva agrupación denominada Vanguardia Popular; los principios ideológicos del nuevo partido incluyeron un apoyo expreso a la política social del Dr. Calderón Guardia, reconociendo que ésta se basaba en las encíclicas papales y que no estaba en contradicción con sus propios principios. A ello se agregó el rechazo de la violencia como método de lucha social, se indicó que nunca se había pensado en la dictadura del proletariado y se prometió el respeto a la propiedad privada y la religión católica. Acto seguido Manuel Mora le envió una famosa carta a Monseñor Sanabria en la cual le presentaba el programa del nuevo partido y le interrogaba sobre si los católicos podrían formar parte del él. La respuesta de Monseñor Sanabria es quizás más famosa todavía: el Arzobispo contestó que no veía en el nuevo partido nada que contradijera o desnaturalizara las doctrinas fundamentales del catolicismo y que por eso "sin gravamen de conciencia pueden los católicos que asi lo deseen, suscribirlos e ingresar en la nueva agrupación". Con la respuesta de Monseñor Sanabria la vía para una virtual alianza entre el gobierno, o mejor dicho el Partido Republicano Nacional, la Iglesia y el Partido Vanguardia Popular, quedaba despejada.

Así fue como surgió la coalición de fuerzas que los opositores denominaron "caldero-comunismo".

Sus consecuencias políticas fueron varias; las reformas sociales pudieron consolidarse y así fue como el 15 de setiembre de 1943, Monseñor Sanabria, el Dr. Calderón y el Lic. Manuel Mora desfilaron juntos, al frente de miles de trabajadores, festejando la aprobación de las garantías sociales; y el Lic. Teodoro Picado, diputado y candidato oficial en las próximas elecciones presidenciales por celebrarse a comienzos de 1944, pudo contar con una sólida base político electoral.
Podemos reconstituir ahora la secuencia de eventos que caracterizó el proceso de reforma social que acaba de exponerse. Todo comienza con la llegada del Dr. Calderón a la presidencia de la república y de Monseñor Sanabria al Arzobispado, en un contexto en que la cuestión social está al rojo vivo- La activa presencia de los comunistas que dominan el panorama sindical y poseen un partido pequeño pero muy organizado es sin duda lo que cataliza los ánimos y fuerza definiciones. Tanto el Dr. Calderón como Monseñor Sanabria tienen la profunda convicción intelectual y moral de que la aplicación de la doctrina social de la Iglesia es la única solución viable para la cuestión social; sin embargo, aunque esa convicción es compartida por algunos miembros del Partido Republicano Nacional y de la Iglesia católica costarricense, está lejos de contar con una aprobación mayoritaria. Al llevarse a cabo las reformas comienzan las reacciones adversas; la Iglesia las apoya en forma decidida logrando incluso la aprobación formal del Vaticano; el Partido Comunista también las defiende y los sindicatos se movilizan detrás de algo que sin duda los favorece. En este contexto, la jugada estratégica correspondió al Partida Comunista: fue precisamente la creación de un nuevo movimiento político, con principios más moderados, lo que permitió la conformación de una alianza que pudo defender las reformas en lo inmediato y mantenerse en el gobierno hasta 1948.

Como en cualquier alianza o coalición es obvio que en los intereses y expectativas de sus componentes había un núcleo compartido común y también divergencias; así por ejemplo, la Iglesia no había renunciado a la promoción de un sindicalismo cristiano, como el mismo Monseñor Sanabria lo indicó a Manuel Mora en su famosa carta de respuesta.

Esto se reflejó en el establecimiento de una nueva central sindical denominada Confederación Costarricense de Trabajadores "Rerurn Nouarum" el 1° de mayo de 1945; su presidente era el Padre Benjamín Núñez, un discípulo dilecto de Monseñor Sanabria. y de acuerdo con los estatutos el propio Arzobispo se constituía como arbitro y autoridad final en asuntos ideológicos.

Ninguno de los actores participantes en estos procesos tuvo una visión política más aguda que la de Monseñor Sanabria en cuanto a la conformación de las fuerzas políticas y la posibilidad de poner en práctica los principios básicos de la doctrina social de la Iglesia. Como se mencionó antes, en su IV Carta Pastoral leída al tomar posesión de la Arquidiócesís en abril de 1940, Monseñor Sanabria indicó, una vez analizada la situación nacional, que para llevar adelante las reformas veía como indispensable la cooperación de la "Iglesia, el Estado y las partes interesadas, movidos todos por una decidida voluntad de perfeccionamiento humano". Demás está decir que los eventos de los años siguientes coincidieron notablemente con esta apreciación.

Vistas en perspectiva las reformas sociales realizadas durante el gobierno de Calderón Guardia constituyen un punto de inflexión mayor en la historia de Costa Rica. En la regulación de las relaciones laborales se abandona la estricta visión liberal y se adoptan principios acordes con el pensamiento social cristiano. La institucíonalizacíón de estas reformas en la década de 1940 y el compromiso asumido por los vencedores de la guerra civil de 1948 en el sentido de cumplirlas y ampliarlas, constituyen tal vez el cimiento más profundo y duradero de la Costa Rica contemporánea, en la segunda mitad del siglo XX.


1948-1978: El social cristianismo en una época de hegemonía social demócrata.

La guerra civil de 1948 y su desenlace tuvieron efectos de largo alcance en el panorama político nacional. Los principales dirigentes del PRN (Partido Republicano Nacional) y del Partido Vanguardia Popular fueron al exilio o sufrieron prisión y la alianza formada en 1943 se rompió en forma definitiva. A partir de 1953, y por largos años, la vida política del país estuvo dominada por el PLN (Partido Liberación Nacional), liderado por José Fígueres Ferrer. En los 25 años que van de 1953 a 1978 la Asamblea Legislativa estuvo siempre bajo el control de dicho partido; el Poder Ejecutivo fue ocupado por liberacionistas durante cuatro periodos (16 años) mientras que una alianza de fuerzas políticas opositoras sólo logró alcanzarlo en dos oportunidades (8 años).

El proyecto político, social y económico impulsado por el PLN. de clara inspiración social demócrata, tomó como punto de partida las reformas sociales realizadas en 1942-43 pero se orientó a modernizar la economía nacional a través del intervencionismo estatal. Fue asi como surgieron el ICE (Instituto Costarricense de Electricidad), la banca nacionalizada y otras muchas instituciones autónomas. El acento en el desarrollo económico y la redistribución de la riqueza a través de servicios a cargo del estado fue la tónica dominante en el período que estamos analizando.


La influencia del PLN y el proyecto social demócrata se extendió también al campo educativo, lo que le garantizó un amplio predominio en la esfera intelectual e ideológica. La Universidad de Costa Rica, declarada autónoma por la Constitución de 1949, sufrió un amplio proceso de reforma y modernización en 1956-57 bajo el liderazgo académico de Rodrigo Fació, uno de los ideólogos más connotados del PLN; desde 1952 hasta 1975 todos sus rectores fueron ex-miembros del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales y figuras muy allegadas a dicho partido. La Universidad Nacional creada en 1973 fue organizada y dirigida durante muchos años por el Presbítero Benjamín Núñez, discípulo de Monseñor Sanabria como vimos antes, pero también fundador y dirigente del PLN. Otras instituciones culturales creadas por iniciativas liberacionistas fueron la Editorial Costa Rica (1959). la Dirección General de Artes y Letras (1963) y el Ministerio de Cultura. Juventud y Deportes (1971). A la vez que cumplían una función educativa y cultural de primer orden, todas estas instituciones ayudaron a consolidar y cimentar el proyecto social demócrata, particularmente en las nuevas generaciones.

En este contexto de hegemonía política e ideológica del PLN la difusión y desarrollo del pensamiento social cristiano no fue fácil y tropezó con múltiples obstáculos. Esto tuvo que ver básicamente con dos asuntos. El primero, las dificultades del calderonismo sometido durante 10 anos a la persecución y el exilio, y desafiado después a mantenerse como fuerza política vigente. El segundo, los cambios en la posición de la jerarquía eclesiástica al morir Monseñor Sanabria en junio de 1952.


El Dr. Calderón Guardia regresó de su exilio en México en junio de 1958. Al llegar asumió un puesto de diputado en la Asamblea Legislativa para el cual había sido electo el 2 de febrero de ese mismo año. A pesar de que en la elección presidencial el
calderonismo había apoyado a Mario Echandi, candidato del Partido Unión Nacional (PUN), en la Asamblea Legislativa sus once diputados constituían una fracción independiente. Durante los cuatro años de la presidencia de Echandi el PRN se reorganizó preparándose para las elecciones de 1962. En éstas compitieron por la presidencia Otilio Ulate, candidato del PUN, Francisco Orlich, candidato del PLN y el Dr. Calderón Guardia como candidato del PRN. Como es sabido el triunfador de la contienda electoral fue Orlich; sin embargo, el PRN obtuvo un 35% de los votos, lo cual lo convertía, frente al PLN. en la segunda fuerza de oposición. En la campaña electoral la bandera azul-amarillo-azul volvió a flamear y la propaganda calderonista enfatizaba:

"Ayer: Reforma Social 1942 - Hoy: Reforma Agraria 1962"

El Dr. Calderón promete continuar con la reforma social incluyendo ahora una reforma agraria basada en el respeto a la propiedad privada; también reitera su compromiso con los principios social cristianos y declara su apoyo a la Alianza para el Progreso. Otros puntos de su programa se refieren a la extensión de la seguridad social, el impulso a la vivienda popular y la protección de la pequeña industria. El ambiente de la campaña es tenso; Ulate y Calderón vuelven a ser candidatos enfrentados como lo fueron en 1948. En la prensa reaparecen fotografías de los hechos más trágicos ocurridos en 1947 y 1948. La lucha política es eminentemente personalista y no se perciben en verdad grandes diferencias en los programas de gobierno propuestos: Ulate y Orlich también hablan de reforma agraria y coinciden en la lucha contra el comunismo; las reformas sociales hace mucho que han dejado de ser un Lema de debate.

Para las elecciones de 1966 la oposición al PLN se une. Ulate y Calderón deponen sus diferencias y se forma un nuevo partido denominado Unificación Nacional; el candidato escogido es el profesor José Joaquín Trejos, matemático y empresario sin trayectoria política previa. El PLN ya ha lanzado la candidatura de Daniel Oduber. otro de los fundadores del partido y decidido social demócrata. En su programa Trejos se declara social cristiano y propone como guia para solucionar los problemas sociales la encíclica de Juan XXIII Moter et Magistra. Pero de nuevo, la campaña política se centra en cuestiones políticas Inmediatas. Unificación Nacional considera que un segundo período consecutivo del PLN en el poder acabará con la democracia, el tema dominante es pues lo desventajoso del continuismo. Oduber, por su parte, denuncia lo que considera un "pacto de la vergüenza" y pide a los electores que voten por tesis y programas. Finalmente en las elecciones del 6 de febrero Trejos vence a Oduber por un estrecho margen de 4.220 votos.

En 1970 el Partido Unificación Nacional se vuelve a enfrentar al PLN. Los candidatos son Mario Echandi y José Figueres; esta vez el triunfo figuerista es claro y contundente. El Dr. Calderón Guardia fallece el 9 de junio de ese mismo año. Cómo vencer electoralmente al PLN sigue siendo el tema dominante, y esa preocupación política que sólo será resuelta en 1977 cuando se organiza la coalición Unidad, pone en segundo plano cualquier discusión de fondo sobre programas e ideologías. Desde un punto de vista pragmático eso se puede entender fácilmente: lo que cuenta para vencer al PLN es la unidad de los opositores y también un liderazgo fuerte que los motive y aglutine.


Después de la muerte de Sanabria en 1952 la acción de la Iglesia en el campo social pasó a segundo plano. El nuevo Arzobispo Monseñor Odio (1952-1960) continuó preocupándose por el movimiento obrero y las cuestiones sociales pero lo hizo con un marcado énfasis en la oración; impulsó la Juventud Obrera Católica, fortaleció las Ligas Espirituales Obrera y Profesional y consagró los trabajadores costarricenses a la Reina de los Angeles. Un hecho más que sintomático fue el distanciamiento entre la Iglesia y la Confederación Costarricense de Trabajadores "Rerum Nouarum"; el asesor eclesiástico de la misma fue eliminado en 1955 y el Padre Núñez partió hacia los Estados Unidos para realizar estudios de doctorado en sociología.

Poco cambiaron las cosas bajo el Arzobispado de Monseñor Rodríguez Quirós (1960-1979), a pesar de que durante su episcopado tuvieron lugar el Concilio Vatícano II (1962-65) y la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM II, Medellín, 1966). Las reticencias de la jerarquía originaron muchos conflictos con sacerdotes y laicos jóvenes que trataban de continuar en la senda abierta por Sanabria, máxime en una época en que la Iglesia misma proclamaba una opción preferencial por los pobres. Sin embargo, ninguno de estos conflictos amenazó en serio a la institución o logró modificar la línea de conducta de la jerarquía. Monseñor Rodríguez creó en 1962 el Secretariado de la Acción Social; al año siguiente fundó Caritas de Costa Rica y la Escuela Social Juan XXIII; pero sus mayores esfuerzos se orientaron a fortalecer las Ligas Espirituales, una obra en la que había trabajado desde sus años de servicio presbiteral. En términos interpretativos puede afirmarse que después de la muerte de Sanabria la Iglesia renunció al papel activo que venía desempeñando en el campo social a partir de 1940, y prefirió dejar ese espacio al nuevo estado benefactor, consolidado cada vez con más fuerza desde 1948. Sólo al acceder a la silla episcopal Monseñor Román Arrieta en 1979 la situación comenzó a cambiar; el Arzobispo pasó a ejercer funciones de arbitro en muchos conflictos sociales y como primera voz de la Conferencia Episcopal no dudó en llamar la atención del gobierno y de la sociedad ante problemas como el de la pobreza. la vivienda, la carencia de servicios básicos, etc.

Desde el punto de vista del pensamiento social cristiano la única novedad importante que aparece en Costa Rica durante el período1948-1978 es la formación del Partido Demócrata Cristiano en la década de 1960. Todo comenzó con grupos de estudio formados por el Dr. Luís Barahona Jiménez (1914-1987), filósofo y catedrático de la Universidad de Costa Rica. El Dr. Barahona fue miembro del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales y perteneció al PLN; estando en Madrid en el desempeño de cargos diplomáticos tomó contacto con las experiencias de la Democracia Cristiana europea, en especial la italiana, y se interesó por estudiar el pensamiento social cristiano. Al regresar a Costa Rica en 1960 comenzó su labor de enseñanza en esa dirección y pronto estableció contactos internacionales con el COPEI de Venezuela y el Partido Demócrata Cristiano de El Salvador

Dentro de su circulo de estudiantes y allegados el Dr. Barahona difundió el pensamiento de Emannuel Mounier, Jacques Maritaín y otros filósofos social cristianos, incluyendo también un amplio contacto con la obra de autores latinoamericanos como Eduardo Freí, Rafael Caldera, Pablo de Tarso y Rodomiro Tomic.

La Inscripción a escala nacional del nuevo partido ocurrio el 3 de noviembre de 1967. Desde 1965 la agrupación tenia vinculaciones con la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA). Sus militantes provenían basimente de sectores profesionales y estudiantiles; formalmente el partido no tenia ninguna vinculación con la Iglesia católica.


Los principios ideológicos del Partido Demócrata Cristianosiguieron de cerca las formulaciones presentes en los partidos hermanos de Venazuela y Chile. Se proclamaban los derechos fundamentales de la persona humana se defendía la familia como célula básica de la sociedad, y se aspiraba a la instauración de una "economía humana en que la producción este ordenada con miras al Bien Común y satisfaga en forma creciente las población y, en especial de los sectores de escasos, al mismo tiempo de alimenteba "con energía la liberación de los trabajadores de la explotación y el establecimiento de un mundo sin injusticias sociales y se delaraba la confianza de que "el dinamismo de las clases trabajadoras en su lucha por la justicia y la libertad será capaz de sobrepasar y sustituir las estructuras del capítalismo y del socialismo, hasta que termine todo vestigiode explotación de una clase por otra y toda limitación con respecto a la personalidad. Es difícil no ver en estas ideas ecos de los llamados del entonces presidente chileno Eduardo Freí a una "revolución en libertad", con una voluntad de no indeneamiento" en los conflictos de la guerra fría y un espíritu genuino de independencia latinoamericana".

El Partido Demócrata Cristiano participa en las elecciones de 1970 y logra elegir un diputado. Es un éxito para una agrupación politica que apenas inicia. Sin embargo también se producen conflictos internosy ese triunfo de 1970 no logra repetirse en las elecciones de 1974. Comienza entonces el largo camino en busca de una alianza político electoral que sea capaz de derrotar al PLN; la Democracia Cristiana participa desde el comienzo en esos esfuerzos que dan frutos en 1976-77 cuando cuatro agrupaciones, el partido Renovación Democrática, el Partido Unión Popular, el partido Republicano Calderonista y el Partido Demócrata Cristiano, forman la Coalición Unidad, la cual, como es bien conocido, logra un resonante triunfo en las elecciones del 5 de febrero de 1978.

Aunque los dirigentes del Partido Demócrata Cristiano tuvieron amplía participación en las negociaciones previas a la formación de la Coalición Unidad, su principal aporte se dio en el plano ideológico. En efecto, si la Democracia Cristiana no podía ofrecer a la coalición un gran caudal de votos ni tampoco un dirigente carismático, era capaz en cambio de aportar ideas y pensamientos de fondo para el programa de gobierno. En la definición de principios de dicho programa se lee:

"Nuestra acción política se basa en la doctrina del social cristianismo, que es la concepción más valiosa del hombre y de la sociedad. Su valor proviene de su profundo humanismo y de la riqueza de su inspiración. [...] Las Garantías Sociales, el Código de Trabajo, el Seguro Social, son algunas de las conquistas populares que la doctrina social cristiana ha alcanzado en su lucha por una sociedad mejor para todos los costarricenses. "

Enseguida se recuerda la obra del General Volio, Monseñor Sanabria y el Dr. Calderón Guardia y se afirma que lo que se propone la coalición es justamente el continuar esos logros y esas luchas. En el capítulo de "ideas fundamentales"46 se reconoce la persona humana como el fundamento y el fin de la sociedad, se afirma la importancia de la familia y se declara que la tarea principal de la política es el logro del Bien Común a través del "esfuerzo propio", la "solidaridad", el "fervor cívico" y el "espíritu de sacrificio". También se subraya el papel "subsidiario" del estado para el logro del Bien Común y la necesidad de avanzar hacia una democracia participativa. Otros temas tratados en dicho documento son la justicia social, la función social de la propiedad y de la empresa y la importancia de llegar a un "desarrollo integral".
Otro aporte de la Democracia Cristiana a la Coalición Unidad fue el espíritu de estudio y la necesidad de trabajar seriamente en la formación ideológica de dirigentes y militantes. Resultado de eso fue la creación del Instituto de

Estudios Políticos (INDEP) en 1978. Esta institución, denominada después Instituto Costarricense de Estudios Políticos "Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia" (ICEP), es quizás la contribución más duradera de lo realizado en el país por el Partido Demócrata Cristiano en pro del desarrollo y la difusión del pensamiento social cristiano.

El Partido Republicano Calderonista, formado en 1976 bajo el liderazgo de Rafael Ángel Calderón Fournier. retomó, como era de esperarse, el ideario reformista del Dr. Calderón Guardia. En la declaración de principios formulada para la inscripción como partido se lee, entre otras cosas:

"Declaramos que nuestro movimiento corresponde a los principios del cristianismo social incorporados en las Encíclicas Papales, en los documentos que sobre ese extremo ha publicado la Iglesia Católica por medio de su más elevada jerarquía. El progreso, en la hora presente se llama desarrollo; el progreso también se llama justicia social /.../ El Partido Republicano Calderonista mantiene alzada la bandera de la Reforma Social realizada por el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia. "

El compromiso social cristiano del Partido Republicano Calderonista, menos elaborado que el de la Democracia Cristiana, estaba lejos de ser pura retórica; representaba más bien un movimiento de fuerte arraigo popular centrado en la figura carismática del Dr, Calderón Guardia. Gracias a los esfuerzos de su hijo, que a los 26 años de edad ya se perfilaba como un dirigente político de estatura nacional, esta corriente encontró asi una nueva expresión política, la cual será de importancia crucial tanto para el triunfo de la Coalición Unidad en las elecciones de 1978 cuanto para la consolidación del PUSC en 1983.

El Partido Unión Popular, formado en 1971 bajo el liderazgo del profesor José Joaquín Trejos Fernández, también compartía el ideario social cristiano así que su influencia fue importante en cuanto a las definiciones ideológicas de la Coalición Unidad. Por otra parte, el Unión Popular era sobre todo un partido de cuadros; en el militaban, por ejemplo, antiguos miembros del PUN y muchos ex-funcionarios del gobierno de don José Joaquín Trejos. En la viabilidad política de la Coalición Unidad este aporte de cuadros dirigentes del Partido Unión Popular resultó ser particularmente eficaz.
Entre 1974 y 1978 fueron muy importantes las visitas del Dr. Aristides Calvani, un avezado político y prominente dirigente de la Democracia Cristiana venezolana. En sus múltiples reuniones con los diferentes sectores dirigentes, el Dr. Calvani fue un importante mediador, concillando puntos de vista distantes. limando roces personales e impulsando un proyecto ideológicamente coherente. Su labor persuasiva fue incansable.

Otros dirigentes democristanos de la región que tuvieran presencia activa fueron los salvadoreños Napoleón Duarte y José Antonio Morales Erlich.

La ideología del PUSC

El PUSC se ha definido desde su fundación, en 1983, como un partido de ideología social cristiana. Esto era más que esperable dado el hecho de que el PUSC nació precisamente de la fusión de los partidos que habían conformado en 1977 la Coalición Unidad. También es obvio que esa opción ideológica era el resultado de una larga historia, la cual tenía como mar de fondo la repercusión en Costa Rica de la doctrina social de la Iglesia y como legados inmediatos el reformismo social calderonista y la acción meditada de la Democracia Cristiana.
La primera formulación de esos principios, publicada en 1985, fue un resultado del impulso dirigente de Rafael Ángel Calderón Foumier. Es una presentación tan concisa como breve. La segunda, aprobada en noviembre de 1995,

fue producto de un Congreso Ideológico del partido y es un documento mucho más extenso y elaborado- Para facilitar la comparación, las ideas principales de ambos textos se presentan en el cuadro siguiente:

Ambos textos reconocen al humanismo cristiano como base filosófica doctrinaria, pero la carta de 1995 es explícita en cuanto a considerarlo como parte de la civilización occidental y también como un pensamiento no acabado. todavía en construcción. La concepción sobre el individuo y la persona humana es similar en ambos textos. El de 1985 menciona los derechos humanos mientras que el de 1995 utiliza la concepción más englobante de "desarrollo humano". El compromiso con una mayor participación de la mujer aceptando los principios de la igualdad real es algo novedoso en la carta de 1995.

En lo referente a la sociedad la idea del Bien Común basado en la justicia social y la equidad es común a ambos documentos como lo es también la idea de que "la familia es el núcleo básico de la sociedad y su germen organizativo." Una novedad en el texto de 1995 es la alusión a la "opción preferencia! por los pobres", un tema básico formulado por el Concilio Vaticano II pero ausente en el texto de 1985, lo mismo que la noción de solidaridad. Algo nuevo también es la mención específica de un compromiso con los discapacitados, la niñez, la juventud, los ancianos, los inmigrantes y las comunidades indígenas.


El principio de subsidiaridad en la acción del estado es algo muy presente en las dos cartas. La idea de que el gasto estatal debe ser revisado y evaluado es algo nuevo que tiene relación con la propuesta de "garantías económicas" en el sentido de que la deuda pública debe tener un límite definido por la Constitución; esto para evitar la inflación y la consiguiente pérdida del valor adquisitivo de los ingresos (sobre todo los salarios).
Otro aspecto común en ambos documentos es la necesidad de aumentar la participación popular poniendo énfasis en lo local y las organizaciones intermedias. En el campo económico la gran novedad en la carta de 1995 es el concepto de economía social de mercado, una noción elaborada por los economistas social cristianos alemanes y particularmente apreciada por Miguel Ángel Rodríguez. La referencia expresa al medio ambiente y el desarrollo sostenible es otra innovación del texto más reciente, como lo es también la idea de que el PUSC es un partido de cambio, que se renueva y actualiza permanentemente.


No existe contradicción de fondo entre ambas cartas. La segunda se puede analizar como un desarrollo y especificación de la primera. El núcleo de las dos cartas es similar a los planteamientos doctrinarios de la Democracia Cristiana y del programa de la Coalición Unidad.

En la carta de 1995 es muy visible la influencia del pensamiento social del Papa Juan Pablo II, tal como ha quedado expresado en las encíclicas Laborem exercens (Trabajo humano y problemas sociales del 14-9-1981), Sollicitudo rei socialis (Auténtico desarrollo del hombre y de la sociedad del. 30-12-1987) y Centesimas annus (La cuestión social, a cien años de la "Rerum novarum" del 1-5-1991). Ello puede apreciarse en el manejo de los conceptos de desarrollo humano, solidaridad y subsidiaridad, y aún en otros como el de economía social de mercado y las referencias al medio ambiente. También es perceptible en el documento de 1995 la influencia del pensamiento de las Naciones Unidas y en particular de nociones manejadas habitualmente en los informes sobre desarrollo humano producidos por el PNUD. Hay que decir, en todo caso, que la carta de 1995 logra integrar en forma creativa y coherente ideas provenientes de diferentes escuelas y perspectivas.


En resumen, se puede decir que la declaración de principios de 1985 es un documento escueto en el que se efectúa una pura exposición doctrinaria, y por ende muy general. La carta de 1995 en cambio, es otra cosa; se trata de un texto extenso que combina los principios ideológicos con una gran cantidad de proposiciones concretas y específicas. Como tal, este último documento es una guía de la que pueden derivarse con facilidad tanto planes y programas de gobierno, como líneas de acción y conducta de militantes y simpatizantes.

Conclusiones: la ideología social cristiana en la política nacional

La ideología social cristiana ha tenido una presencia continua en la política nacional desde finales del siglo XIX hasta hoy (1998). Hay que destacar, sin embargo, dos períodos cruciales: la década de 1940 y el lapso transcurrido entre 1978 y 1998. El primero marca el tiempo de las reformas sociales, introducidas durante el gobierno del Dr. Calderón Guardia con la activa participación de la Iglesia católica, encabezada por Monseñor Sanabria, y el apoyo del Partido Vanguardia Popular. El segundo se refiere a la época reciente en que se produce el triunfo de la Coalición Unidad, la formación del PUSC y la consolidación de un virtual sistema bipartidista, esto último confirmado por el triunfo electoral social cristiano en 1990 y 1998.

¿En qué se diferencia y en qué se parece el reformismo social cristiano del pregonado y practicado por el PLN? Obviamente la primera discrepancia tiene que ver con los fundamentos filosóficos; la social democracia deriva de un pensamiento secular que resulta del viraje reformista de los antiguos revolucionarios socialistas, ocurrido entre finales del siglo pasado y la Revolución Bolchevique (1917). La segunda discrepancia importante se refiere a la acción del estado. Mientras que el social cristianismo ha planteado siempre el principio de subsidiaridad, es decir una acción estatal limitada que no interfiere con los derechos de grupos y personas, el PLN ha defendido y practicado la tesis de un estado intervencionista e incluso empresario; la defensa del principio de la nacionalización bancaria ha constituido el pivote de esta concepción.

En la década del 80 el PLN ha ido modificando su apego a estos principios y en la década del 90 se puede decir que los ha abandonado. La tercera discrepancia se refiere a la participación popular. Aunque ambos pensamientos se fijan una meta parecida, en la práctica el PLN ha privilegiado las estructuras jerárquicas del estado y del partido. Un ejemplo contundente de eso fue lo ocurrido en la campana electoral 1997-98 con la elección directa de los candidatos a diputados; mientras que el PUSC aplicó ese principio, el PLN lo rechazó, dejándolo para un futuro incierto.


En ambas concepciones hay también muchos puntos comunes. La necesidad de reformas para garantizar la justicia social a través de mecanismos de redistribución de la riqueza es el aspecto central, el cual aparece reiterado en diferentes formas y momentos históricos. Por otra parte conviene destacar que los social demócratas casi siempre han considerado la doctrina social de la Iglesia como una fuente de inspiración en el caso de Costa Rica no hay nada más ilustrativo que el hecho de que el Padre Benjamín Núñez. uno de los discípulos dilectos de Monseñor Sanabria. fue un connotado figuerista en los sucesos de 1948, Ministro de Trabajo de la Junta Fundadora de la Segunda República, fundador, y connotado ideólogo del PLN hasta su muerte en 1994.

 

En este contexto general, es fácil de entender por qué la oposición política al PLN se enfrentó siempre a muchas dificultades. A estos rasgos generales hay que agregar, en el caso del calderonismo y de sus antiguos aliados comunistas, la situación de persecución, exilio e ilegalidad. La tentación de acciones armadas buscando una revancha por la derrota de 1948 estuvo incluso presente en dos ocasiones, diciembre de 1948 y enero de 1955: dando lugar a sendos fracasos. Las cosas comienzan a cambiar recién durante la campaña electoral 1957-58 y ellos se debe, en buena parte, a que también Otilio Ulate y su Partido Unión Nacional (PUN) empiezan a sentirse amenazados por el vertiginoso avance del PLN.

El distanciamiento entre Figueres y Ulate comenzó con el plesbicito sobre la reelección presidencial, el cual se llevó a cabo junto con las elecciones de 1953. Ulate y sus partidarios pretendían una reforma constitucional para permitir la reelección presidencial pasado un período y no dos, como había establecido la Constitución de 1949. La citada reforma había sido aprobada durante la presidencia de Ulate pero requería del voto afirmativo en dos legislaturas más. Para reforzar la decisión se había acordado que se votara plebiscitariamente el 26 de julio de 1953. En esa elección el "si" a favor de la reforma obtuvo un 70% de los sufragios. Sin embargo, como el PLN dominaba la Asamblea Legislativa la reforma constitucional en torno a la reelección presidencial no se aprobó y en consecuencia Ulate no pudo ser candidato en las elecciones de 1958.

Otra fuente de conflictos entre Figueres y Ulate tuvo que ver con la invasión calderonista desde Nicaragua en enero de 1955. Figueres acusó a Ulate de tener una alianza secreta con Caderón mientras que la versión de Ulate fue que él y el PUN sólo querían mediar en el conflicto.

Al concluir los enfrentamientos Ulate atacó fuertemente a Figueres en un editorial del Diario de Costa Rica titulado "Camino a la dictadura"; donde entre otras cosas afirmaba:

Presidente Figueres no tolera, bajo su gobierno ni la oposición parlamentaria ni la oposición de la prensa. [..-] No quiso oírme el Presidente ni aceptar la mediación que le ofrecí para la liquidación de un conjiicto internacional, entiendo que por rivalidades políticas internas y porque ha sido notorio que los dos presidentes ¡Somoza y Figueres) se han mantenido en conservar vivo el conflicto por intereses de esa misma política internacional en sus respectivos países; para llevar agua a sus molinos, desacreditar y eliminar a sus opositores políticos..."

Otro acusado por Figueres y el PLN de participación en el intento de invasión calderonista fue el diputado Mario Echandi del PUN. El incidente provocó una seria crisis en la Asamblea Legislativa, ya que la oposición se retiró de las sesiones, e incluso el propio Echandi estuvo a punto de ser linchado por una turba de opositores. Suspendido durante ocho meses de la Asamblea para dar lugar al proceso judicial por traición y sedición, al final nada se probó y don Mario Echandi, un orador fogoso y combativo volvió con honores al plenario legislativo. A partir de este episodio Echandi, que ya había sido precandidato presidencial en 1953, surgió como la figura más brillante de la oposición a Figueres.

 

El 20 de enero de 1957 se llevó a cabo la convención de los diferentes grupos de oposición con la presencia de 4253 delegados. Había cuatro precandidatos: Alberto Oreamuno Flores, Manuel Escalante Duran, Femando Lara Bustamante y Mario Echandi Jiménez. En la segunda votación resultó electo don Mario Echandi. El Dr. Calderón Guardia, al igual que Ulate, había apoyado a Oreamuno Flores, sin embargo, pasada la convención, hizo desde su exilio en México varios llamados a sus partidarios para que votaran en favor de Echandi. La posición del Partido

Republicano quedó bien definida en una declaración publicada en la prensa el 26 de setiembre de 1957:
"La consigna del calderonismo es apoyar a don Mario Echandi y dar la batalla para llevar a la Asamblea el mayor número posible de diputados calderonistas, con. nuestros votos, en papeletas independientes.''
Entre Echandi y Calderón no hubo pues un pacto o alianza formal más allá del consenso en la necesidad de derrotar al PLN. Sin embargo, los ex-vanguardistas y antiguos aliados de Calderón, sin poder participar en las elecciones con partido propio. no vieron con muy buenos ojos este acercamiento; Carlos Luis Fallas escribió en el semanario Adelante:

"El Doctor nos habla de acabar con una tiranía, que. entre paréntesis, no existe en todas las proporciones que él la pinta, ... Derrocar a Figueres no es un programa en si mismo ... El Doctor no puede seguir entregando su partido a éste o aquél político, con el único pretexto de combatir a Figueres [...] Es necesarvo que el Dr.Calderón explique cuales son las concesiones de Ulate: que aclare qué razones de bien público le han inducido a hacer las paces con su adversario de ayer y a entregarle la dirección de su partido."

 

Aunque Fallas exagera cuando dice que Calderón le ha entregado la dirección del partido a Ulate subraya algo que es sin duda dominante en la política nacional de aquel tiempo: el personalismo. En efecto, aunque detrás de los partidos hay intereses económicos e ideológicos, los liderazgos personales mueven más multitudes y explican más situaciones conflicuvas que cualquier otro tipo de lealtades.

El PLN no fue ajeno a este tipo de problemas. En la lucha de tendencias para elegir el candidato presidencial para las elecciones de 1958 se produjo la salida del partido del Ministro de Hacienda de Figueres, Jorge Rossí Chavarría. El 16 de noviembre de 1956 Rossi renunció al PLN y poco después fundó el Partido Independiente. La escisión no obedecía a razones ideológicas sino al descontento por el triunfo, virtualmente inevitable, de la candidatura de Francisco Orlich, no sólo apoyada por Figueres sino también por la amplia mayoría de los líbera-cionistas. Lo cierto es que con el PLN dividido y la oposición unida en tomo a la candidatura de Echandi, la lucha electoral cobra grandes bríos y la campaña "se calienta". La consigna de Echandi fue "vote azul", y mientras agitaban sus banderas sus partidarios no dudaban en agregar "y escupa verde". Los Überacionistas, por su parte, denunciaban la alianza del "caldero-echandismo" y auguraban el retorno de los "8 años", es decir del período en que gobernaron Calderón y Picado. El 2 de febrero de 1958 se realizan las elecciones y el Lie. Mario Echandi Jiménez, habiendo obtenido un 46% de los sufragios emitidos, resulta electo presidente.

Las elecciones de 1958 constituyen un momento crucial en la historia contemporánea de Costa Rica. Fue en ellas que comenzaron a cerrarse las heridas abiertas en la guerra civil de 1948 y fue también en ellas cuando se probó a fondo el sistema electoral adoptado bajo el régimen de la Constitución Política de 1949 y el Código Electoral de 1952. Al entregar el mando el 8 de mayo dice don José Figueres, el presidente saliente:

"Nuestra libertad electoral es tan completa, que el grupo vencido en varios choques armados en los últimos 10 años, Lleva ahora a la Asamblea Legislativa, legítima-mente, un numero tal de diputados, que ocupa el segundo puesto en ÍosJuerzos parlamentarías. Entre eUos se encuentran sus principales dirigentes. La libertad se ha conquistado para todos. Yo deseo que con esta jomada cívica termine la división que nos dejó la Guerra de Liberación Nacional de 1948. Después de una guerra entre hermanos. cuando todos han alcanzado la plena libertad, y el amplío disfrute de sus derechos ciudadanos, no hay razón para que el odio continúe. Menos aún para que este odio se trasmita a la generación siguiente. En su lugar ha de venir una normal discrepancia de pareceres políticos y un Ubre juego dejuerzas electorales,"

Vistos de cerca, los resultados de la elección ilustran bien varios aspectos ya señalados. En primer lugar hay que notar que, a pesar de la victoria de Echandi, el PLN sigue siendo la primera fuerza política del país. Sumando los votos obtenidos por Oriich (43%) más los votos obtenidos por Rossi (11%) se llega a un 54%; la operación es lícita en la medida en que una vez pasadas las elecciones el "rossismo" retornó a las filas llberacionistas.

Así las cosas, hay que reconocer que en el triunfo de Echandi no sólo intervino la unidad de los contrarios al PLN sino también la escisión temporal de un sector liberacionísta disconforme con la candidatura de Orllch. El abstencionismo registrado fue de 35%. es decir un 15% por encima del promedio de 20% que caracteriza a las elecciones del período 1953-1978. Un índice tan elevado puede explicarse por la ausencia de partidos de izquierda -dada la proscripción del Partido Comunista- y el hecho de que aunque el PR participa con papeletas para diputados y municipes, su líder máximo está todavía exiliado en México y en muchos militantes y simpatizantes sigue habiendo una sensación de temor e inseguridad. Por otra parte en la elección de diputados el PLN se apuntó un amplio triunfo, con 20 bancas sobre un total de 45; el PR quedó como la segunda fuerza de la Asamblea con un total de 11 diputados mientras que el PUN sólo obtuvo 10. Como entre el PR y el PUN no hubo un verdadero pacto o alianza política, el presidente Echandi se encontró sin mayoría en la Asamblea Legislativa.

En las elecciones de 1958 el Dr. Calderón Guardia fue elegido como diputado por la provincia de San José. Para ocupar ese cargo regresó del exilio en México el 7 de junio de 1958.

Su recibimiento dio lugar a una gran manifestación popular; su hijo, que tenía entonces 9 años de edad, recuerda el acontecimiento en estos términos:"Dificilmente podría describir lo que sentí cuando, ya en el camión, empezamos a desplazarnos entre aquel mar humano que parecía no tener fin. Al llegar a la estatua de León Cortés quedamos enmudecidos: el Paseo Colón no podía contener a los miles de hombres, mujeres y niños que habían venido desde todos los rincones del país a recibirnos. Conforme íbamos avanzando vi a hombres y mujeres llorar al paso de mi padre; unos se hincaban, se persignaban y rezaban al vernos pasar: otros portaban carteles con bendiciones y había quienes alzaban a sus hijos en alto para que vieran a papá. Había también carrozas que conmemoraban las Garantías Sociales, el Código de Trabajo, la Universidad de Costa Rica o expresaban su agradecimiento por las casas baratas. Avanzábamos muy lentamente entre aclamaciones y yo me preguntaba qué era toda esta euforia.

En México vivíamos como una familia corriente, conocía la historia de mi país. pero me era muy difícil entender el por qué de ese recibimiento. A la par de él, en aquel camión descubierto vi su cara radiante de felicidad, el dolor del exilio había desaparecido en un momento, al fin estaba de nuevo entre su gente.

Otro elegido en la Asamblea Legislativa había sido Otilio Ulate. Sin embargo -y esta es otra muestra del exagerado personalismo de la política de entonces- don Otilio decidió que no asistiría a las sesiones legislativas porque:

"No me faltaron las ganas, y si me dejé elegir era porque me propoma llegar a la Asamblea. Sin embargo, su composición y la desarmonía me situaron en posición tan difícil que tenía de antemano perdidas todas las batallas. No hubiera contado en el recinto legislativo con el apoyo de ninguno de los sectores políticos. Ni siquiera con el sector parlamentario del PUN, porque este sector está dividido en dos grupos. El Presidente de la República se ha quedado con el apoyo de uno solo de los partidos, el Republicano, del cual es jefe el Dr. Calderón.

Es obvio que en las palabras de Ulate se trasluce el desencanto por el 1iderazgo desempeñado por el Dr. Calderón Guardia y se deja ver también que él no tiene mucha influencia sobre el propio presidente Echandi. Estos conflictos quedarán todavía más iluminados por la campana electoral con vistas a las elecciones de 1962.

La Asamblea Nacional del PUN proclamó la candidatura de Ulate el 29 de enero de 1961. Poco después lo hizo la convención nacional del PLN donde otra vez fue escogido Francisco Orlich. El PR en cambio tarda más en organizarse y decidirse; finalmente el 19 de setiembre de 1961 el Dr. Calderón Guardia anuncia al país que acepta la candidatura "sin odios, sin rencores, con la conciencia tranquila y el espíritu en paz".

La campaña enfrenta así a los dos antiguos contrincantes de las elecciones de 1948 con Orlich, el segundo de a bordo en el PLN y también

veterano de las lides de los años cuarenta ya que había sido diputado durante ocho años, entre 1940 y 1948.

Desde la perspectiva de su significado histórico las elecciones de 1962 van a reflejar mucho más que una simple coincidencia de viejos líderes en una competencia electoral; el fracaso de Calderón y de Ulate demostrará, como veremos enseguida, que los movimientos políticos gestados en la década del cuarenta tienen ya poca vigencia y que la iniciativa política sigue estando. como en 1953, en las manos del PLN.

El tono de la campana es sintomático. Ulate ataca con furia a Orlich y a Calderón; los describe como "veteados de comunismo" y afirma que solo él "combate el ideario rojo en forma inequívoca y permanente." En otras intervenciones compara a Figueres con Fidel Castro agregando que "no existe ninguna diferencia de conducta entre Calderón y Figueres". Pero don Otilio solo muestra coherencia en su virulenta posición antí-calderonista; al principio de la campaña había tratado de establecer una alianza con Orlich ofreciéndole las dos vicepresidencias y papeletas conjuntas para diputados y regidores; el PLN propuso que una convención abierta eligiera entre ambos candidatos. Cuando las conversaciones fracasaron, Ulate escribió:

"Con Orlich o sin Orlich, yo asumo ante el país la responsabilidad de aplastar a Calderón y obligarlo a retirarse para siempre de la vida pública. "

El programa del PR retoma el pensamiento social cristiano y hace fuerte énfasis en las reformas sociales de 1942-43. prometiendo una reforma agraria "nacida de la realidad nacional". A sus 62 años el Dr. Calderón vuelve a atraer multitudes y es sobre su figura carismática que se orienta la campaña. Los ataques de los opositores también son personales y se centran en su figura mucho más que en su partido. La publicación de viejas fotografías hace más vivos todavía los recuerdos del 48.
El 4 de febrero de 1962 se realizan las elecciones: Orlich triunfa ampliamente obteniendo el 50% de los votos y un total de 29 diputados; el Dr. Calderón Guardia saca un 35% y 18 diputados; Ulate queda muy atrás con apenas e! 14% de los sufragios; el abstencionismo se reduce a un 19% lo que permite inferir que cada partido capitalizó el número máximo de votos a que podía aspirar, una vez definidas las preferencias del electorado. El PR se afirma como la segunda fuerza política del país pero a una distancia considerable del PLN; nótese que ni siquiera sumando los sufragios del PR y el PUN se hubiera podido impedir la victoria liberacionista. El partido de Ulate ha perdido casi toda su clientela política, la cual es posible que haya sido captada por el PLN.

Los resultados electorales de 1962 y la obra de gobierno desarrollada por Orlích, orientada a la promoción de la industrialización en el marco del Mercado Común Centroamericano y a la marcada expansión del estado benefactor. plantearon a la oposición al PLN un claro dilema: para vencer tenían que lograr la unión de todas sus fuerzas y debían contar, además, con un líder nuevo y poco controversial.
La elección de J.J. Trejos y la formación del Partido Unificación Nacional, 1965-1970

Los fuegos electorales con vistas a las elecciones de 1966 se abrieron al comenzar el año 1965. El Ministro de Relaciones Exteriores de Orlich, Daniel Oduber, renunció a su cargo y comenzó la campaña electoral. El 24 de abril de 1965 fue proclamado oficialmente como candidato por la Convención del PLN; en la misma no tuvo contrincantes asi que todo indicaba que la oposición tendría que vérselas de nuevo con un liberacionismo fuerte y unido. Oduber. quien había sido miembro del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales y fundador del partido, era un político nato que combinaba una gran experiencia práctica con una sólida formación intelectual e ideológica.

La idea de unir la oposición al PLN surgió de la experiencia de 1962 y fue producto de negociaciones entre Francisco Calderón Guardia, hermano del doctor e importante líder del PR, y Otilio Ulate. Como Ulate no hablaba directamente con los hermanos Calderón encargó las negociaciones al Dr. Jorge Vega Rodríguez, un eminente cirujano que pertenecía al PUN y era persona de su confianza, pero que tenía también mucha amistad con la familia Calderón. El primer acuerdo se firmó el 28 de abril de 1965: se formaría una coalición denominada "Partidos Repúblicano-Unión Nacional", tanto Calderón Guardia como Ulate renunciaban a cualquier candidatura y se establecía que el candidato presidencial sería una figura de consenso escogido por el PR; el PUN postularía al primer vice-presidente y el PR al segundo, y se distribuían los puestos "elegibles" de diputados y munícípes tomando como referencia lo obtenido por cada partido en la última elección.

El acuerdo formal entre Ulate y don Paco Calderón fue firmado el 20 de mayo, quedando entonces por escoger el candidato presidencial. Se barajaron los nombres de Antonio Canas, Manuel Escalante y Mariano Guardia, todos calderonistas de trayectoria, pero es obvio que estas nominaciones no satisfacían completamente las expectativas del PUN; fue en esas circunstancias que surgió, en una reunión de familia, el nombre de José Joaquín Trejos Fernández. Profesor de matemáticas y estadística en la Universidad, y además empresario, Trejos era una figura nueva, sin trayectoria política, aunque desde la prensa se acababa de oponer firmemente a una propuesta de reforma bancaria apadrinada por Daniel Oduber; Ideológicamente tenía simpatías por el social cristianismo y en política se lo podía considerar como calderonista. En su aceptación por ambas dirigencias influyeron también los vínculos familiares: la esposa de Trejos era pariente del Dr. Calderón Guardia y su padre, don Juan Trejos. un fiel ulatista.
El 4 de junio de 1965 el profesor Trejos aceptó la candidatura y un mes después el PR y el PUN solicitaron la inscripción de la coalición de ambos partidos bajo el nombre de Unificación Nacional; la bandera sería la misma del PR, es decir, una franja amarilla enmarcada en dos franjas azules.69 El programa de gobierno propuesto indicaba al puro principio:

"La Unificación Nacional hace suyos los principios y finalidades de la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y declara que tendrá, como guía en la búsqueda de soluciones verdaderas para los problemas sociales del país, a la Encíclica Mater et Magistra, de su Santidad Juan XXIII.

 

La campana política arreció enseguida. Trejos atacaba el continuismo y la propaganda de Unificación ofrecía "manos limpias para Costa Rica"; Oduber prometía continuar con la obra en curso y se pronunciaba por ampliar el estado benefactor (universalización de los seguros, plan nacional de vivienda, sistema nacional de planificación, etc.). Ulate no dudó en volver a acusar al PLN de comunista y sostuvo que "la fusión del oduberismo y el comunismo" abrían una nueva etapa en la vida política de Costa Rica. Enseguida aparecieron slogans afirmando "un voto para Daniel es un voto para Fidel".

Como los comunistas siguen sin disponer de un partido legal que pueda participar en las elecciones, su líder, Manuel Mora, publica una carta el 28 de enero de 1966 en la cual llama a votar contra Trejos; aunque el tono es ambiguo eso sirve para desatar nuevas consignas: "Fidel y Manuel van con Daniel". Como veremos en el capítulo 4, en términos electorales no es muy fácil discernir cual fue el efecto de esa carta de Manuel Mora a los militantes y simpatizantes comunistas. Finalmente en las elecciones del 6 de febrero triunfa la Unificación Nacional por un margen estrecho: 4220 votos; sin embargo, el PLN obtuvo 29 diputados lo cual le garantizaba el control de la Asamblea Legislativa. Se repetía así lo sucedido en la elección de 1958.

El ajustado triunfo de Trejos y los rumores de que Francisco Calderón Guardia sería nombrado Ministro de Seguridad provocaron un conato de golpe de estado. Se produjo una concentración de fuerzas policiales en la Tercera Compañía y hubo más de un liberaciónista tentado por desconocer el resultado de las elecciones. Sin embargo, el presidente Orlich logró una rápida negociación con el presidente electo y las cosas se solucionaron: don José Joaquín Trejos designó a su hijo Diego como Ministro de Seguridad y a alguien propuesto por Ulate (don Cristian Tattenbach) en el Ministerio de Gobernación: poco después se aprobó una ley concediendo beneficios a los guardias civiles que. por el cambio de gobierno, quedarían cesantes.

 

El gobierno de Trejos no pudo desarrollar un proyecto político verdaderamente alternativo al implantado por el PLN. Se lo impidió el hecho de no controlar la Asamblea Legislativa y también la heterogeneidad de la alianza que lo sostenía. Asi por ejemplo, los roces políticos llevaron a que el primer Vicepresidente Jorge Vega Rodríguez se alejara virtualmente del gobierno en 1968 mientras que el proyecto de Trejos para acabar con la nacionalización bancaria fue rechazado en la Asamblea Legislativa luego de un amplio debate nacional.73 Las importantes propuestas del gobierno de Trejos para propiciar y fortalecer el desarrollo de las comunidades tuvieron que ser transadas con los diputados del PLN; así. la aprobación de la Ley General sobre Desarrollo de las Comunidades en 1967 y la creación del Banco Popular y de Desarrollo Comunal en 1969 llevaron también la impronta del pensamiento liberacionista.

En este contexto comenzaron los preparativos para la siguiente lucha electoral. La iniciativa vino del PLN; Figueres

lanzó su pre-candidatura en 1968, y poco después Rodrigo Carazo, un diputado y ex-presidente de la Asamblea Legislativa que había adquirido preeminencia como líder de la lucha contra las reformas bancarias propuestas por Trejos, hizo lo mismo. Figueres no vio con buenos ojos la precandidatura de Carazo y la campaña fue áspera; en la convención del 15 de diciembre de 1968 el ex-presidente y fundador del partido obtuvo, como era de esperarse, un cómodo 65% de los sufragios emitidos por los cuatro mil representantes de las bases liberacionistas. Carazo se retiró entonces de la actividad política dentro del PLN.

En enero de 1969 el segundo Vice-Presidente de Trejos, Virgilio Calvo Sánchez renunció a su cargo y comenzó a hacer campaña para obtener la candidatura presidencial de la Coalición Unificación; detrás suyo se alíneban muchos militantes caid cronistas. Circulan otros posibles nombres de precandidatos pero el 28 de febrero, en forma un tanto sorpresiva, los comités ejecutivos de los partidos Republicano y Unión Nacional proclaman la candidatura del ex-presidente Mario Echandi Jiménez. Era obvio que esta decisión no había sido consultada con las bases partidarias así que enseguida hubo oposición. Después de muchos ires y venires Echandi logró el respaldo de los principales dirigentes, incluido el Dr. Calderón Guardia. La Coalición Unificación fue inscrita formalmente como partido en junio de 1969. Virgilio Calvo con el apoyo personal de Ulate -la dirigencia de] PUN fue fiel a Echandi-formó casa aparte constituyendo un "tercer frente", el cual quedó formalmente inscrito con el nombre de "Frente Nacional". Entretanto Figueres se ocupó de consolidar la unión de su partido para lo cual llamó a Jorge Rosst. el disidente de 1957, a integrar la fórmula presidencial. Durante el segundo semestre de 1969 la campaña se desenvolvió siguiendo patrones conocidos; mucha pasión. un exceso de personalismo y mil frases hechas sobre temas intrascendentes. En enero de 1970 hay incluso enfrentamientos a banderazos en la avenida central de San José y la tensión sube a tal punto que el Tribunal Supremo de Elecciones no deja que se lleven a cabo las concentraciones de fuerzas previstas para el fin de la campaña. Al final las elecciones transcurren con toda calma. El 1° de febrero de 1970 Figueres se apunta otro resonante triunfo. obteniendo un 55% de los sufragios; la Unificación Nacional apenas llega a un 41% mientras que el Frente Nacional debe conformarse con un irrisorio 2%.

Aunque Echandi endilgó las razones de su derrota al divisionismo del Frente Nacional, si se tienen en cuenta lo bajo del abstencionismo (17%) y los pocos votos obtenidos por el partido de Virgilio Calvo, resulta más que obvio que lo que no atrajo a los electores fue su candidatura, en competencia desigual frente a la figura carismática de Figueres.

El saldo político de las elecciones de 1970 era muy claro y asi comenzó a ser percibido: los días de Unificación Nacional como una verdadera fuerza de oposición al PLN estaban contados, Figueres asumió la presidencia por tercera vez el 8 de mayo de 1970; un mes después fallecía el Dr. Calderón Guardia y su sepelio se convertía en una sincera y enorme manifestación de duelo popular. Otilio Ulate, enfermo y políticamente derrotado moriría un poco más tarde, el 27 de octubre de 1973. Es obvio que se estaba produciendo un importante cambio generacional: ¿tendrán ahora la palabra los políticos más jóvenes?

Hacia la Coalición Unidad, 1971-1978

Con Figueres en el poder y la oposición derrotada, la situación en 1970 se parecía en cierta forma a la del año 1953. La sensación de que había que empezar otra vez, organizando nuevos partidos y movimientos políticos era compartida por personajes como don José Joaquín Trejos y Rodrigo Carazo, el dirigente liberacionista derrotado por Figueres en la lucha interna por su candidatura; la Democracia Cristiana, una fuerza nueva que había logrado elegir un diputado parecía también responder a estas nuevas ideas y requerimientos. Pero mirando más hacia lo hondo la similitud con la situación de los años cincuenta empieza a desdibujarse; el PLN de 1970 es un aparato político maduro y poderoso, que cuenta con una élite dirigente experimentada y extraordinariamente hábil en maniobras y negociaciones; en estas condiciones. cooptar a los opositores pasará a ser una estrategia de uso corriente; para los anti-liberacionistas esta será una piedra más -y particularmente res-balosa-en el difícil ascenso hacia la unidad.

Las luchas se orientaron, como era de esperar, hacia las elecciones previstas para 1974, Todo el proceso de negociaciones en pro de la unificación, con sus éxitos y fracasos, se resume en el cuadro cronológico de la página 53.

Nunca antes se habían producido esfuerzos tan continuos y sistemáticos y, sin embargo, al llegar a la fase final de la campana electoral en julio de 1973 la realidad no engaña; la oposición al PLN va a los comicios dividida en cuatro partidos, excluyendo de la cuenta a las fuerzas de izquierda y a un candidato pintoresco politicamente difícil de clasificar. Tampoco antes se había producido semejante fragmentación.

En 1971 y 1972 surgieron tres partidos nuevos: el Partido Unión Popular (PUP) liderado por los ex-presidentes Trejos y Echandi, el Partido Renovación Democrática (PRD) fundado por Rodrigo Carazo y otros disidentes líberacionistas, y el Partido Nacional Independiente organizado por Jorge González Martén, un empresario recién llegado a la política. Frente a ellos se situaban el ya mencionado Partido Demócrata Cristiano (PDC) y el Partido Unificación Nacional, que ahora bajo el liderazgo de don Paco Calderón, contaba todavía con la fidelidad de los votos calderonistas. Todos sabían, y así será confirmado por las elecciones de 1974, que entre todas esas fuerzas la que más caudal electoral tenía era precisamente el Partido Unificación Nacional. Asi las cosas, la historia de los intentos de llegar a una coalición tiene que ver básicamente con el hecho de si Unificación participa o no en la misma. Y el círculo cerraba perfectamente: tampoco se podía ganar la presidencia contando únicamente con los votos calderonistas.

La Alianza Nacional Cristiana, llamada por sus opositores "la santa alianza", fue el intento más sistemático para lograr la unidad con vistas a las elecciones de 1974. Comenzó con una iniciativa del ex-presidente Trejos (PUP) a la que se unieron enseguida otras fuerzas como el PRD, el PDC, el Partida Republicano Nacional y una tendencia encabezada por Osear Barahona Streber; pero pronto también aparecieron las discrepancias y no se llegó a avances significativos. A fines de 1972 el Partido Unificación Nacional eligió su candidato en una convención abierta lo cual puso a la Alianza ante un hecho consumado.

Siguieron luego otros intentos como el promovido por la Liga Cívica de Mujeres en enero de 1973 incluyendo a la Alianza Nacional Cristiana, el Partido Unificación Nacional y el Partido Nacional Independíente, pero, de nuevo, a nada se llega. En marzo de ese ano es claro que Rodrigo Carazo, que ha quedado como candidato de la Alianza, será lanzado por su propio partido, el PRD; casi al mismo tiempo se produce un intento de unión entre Unificación Nacional y el Partido Nacional Independiente el cual tampoco sobrevive. En julio los ex-presídentes Ulate, Trejos y Echandi hacen un último e infructuoso llamado a la unidad. El divisionismo ha triunfado en toda la línea.

El resultado de las elecciones era esperable. El anti-liberacionismo había apostado a que Oduber, el candidato del PLN, no llegaría a obtener el 40% de los votos necesarios para quedar electo y que sería necesaria una segunda vuelta electoral. Como ésta tenia que hacerse entre los dos candidatos con la mayor votación, daban por descontado que esa sería la ocasión dorada para aglutinar a toda la oposición. Pero este cálculo falló pues Oduber obtuvo el 43% de los votos y el PLN logró elegir 27 diputados; el Dr. Trejos Escalante de la Unificación recibió 30% de los sufragios mientras que González Martén del Partido Nacional Independiente obtuvo un 11% y Rodrigo Carazo del PRD un 9%. Era más que obvio que estos tres partidos, coaligados, hubieran ganado la elección.

Las razones del divisionismo parecen haber sido tres. En primer lugar hay que notar la falta de un fuerte liderazgo en las filas de la oposición; esto era algo esencial para poder superar los particularismos y atraer el electorado indiferente o poco decidido. En segundo lugar estaban las ambiciones inmediatistas de los diferentes partidos, lo cual hacía muy difícil el ponerse de acuerdo sobre el reparto de puestos elegibles en las papeletas de diputados y regidores. Por .último, pero muy relacionado con el punto anterior, hay que considerar el poder de cooptación ejercido abiertamente por el PLN. Un elemento adicional fue el financiamienlo otorgado subrepticiamente a los partidos de oposición aplicando el principio de dividir para vencer; así por ejemplo, en los últimos meses de la campaña hubo insistentes rumores de que ante las perspectivas de un retiro del Partido Nacional Independiente por falta de fondos, éste recibió dinero "liberacionista" suficiente como para seguir hasta las elecciones.

El período 1974-78 es rico en novedades políticas. Aunque el camino estuvo de nuevo erizado de dificultades, al ñnal la oposición si logró presentar un frente unido ante el PLN y pudo triunfar con holgura en las elecciones del 5 de febrero de 1978. Los principales eventos de este proceso se resumen en el segundo cuadro cronológico, ( pág-54 ) correspondiente precisamente al período 1974-78. En lo que sigue trataremos de discernir las líneas generales de lo que fue, una vez, una complicada secuencia de rupturas y negociaciones.

Quizás el elemento más importante de todo el proceso fue lo sucedido dentro del Partido Unificación Nacional. En 1974 los diputados de dicho partido se dividieron en dos grupos: los "fernan distas" leales al candidato presidencial derrotado, Dr. Fernando Trejos Escalante, y los "paquistas", obedientes a don Paco Calderón.

En junio de ese ano el conflicto se volvió público y el Dr. Trejos Escalante no dudó en acusar a los "paquistas" de contubernio con el PLN:

"Se ha dicho en forma inexacta, que hay razones ideológicas que explican la división de los diputados de Unificación Nacional. Se ha dicho, en forma inexacta, que un grupo de capitalistas se había apoderado del partido. Ambos argumentos son falsos .Las verdaderas causas de esta separación son las claras diferencias de criterio que existen entre los dos grupos de diputados sobre el papel que debe jugar un partido de oposición en la Asamblea Legislativa."

La prensa comienza enseguida a publicar denuncias y se generaliza la idea de que el Partido Unificación
Nacional está en un franco co-gobierno, como aliado menor del PLN. Reparto de becas, puestos públicos y fondos, y los nombramientos en las instituciones autónomas como resultado de la ley 4-3, son algunos de los mecanismos mencionados como parte de ese arreglo. Por otra parte, hay que recordar que tanto durante el gobierno de Figueres (1970-74) como durante la administración de Oduber (1974-75) recrudecieron las denuncias sobre corrupción y mal manejo de fondos. La presencia del financista Robert Vesco, perseguido por la justicia estadunidense y protegido de ambos gobiernos liberacionistas. era vista, cada vez más. como apenas la punta de un iceberg cuyas verdaderas dimensiones resultaba difícil apreciar.


El siguiente round en la crisis del Partido Unificación fue el decisivo. En diciembre de 1975, ante repetidas negativas de la dirigencia para llevar a cabo una convención abierta para escoger el candidato en las próximas elecciones, Rafael Ángel Calderón Fournier junto con su madre doña Rosario, viuda de Calderón Guardia, y el Dr. Alvaro Aguilar Peralta deciden retirarse del partido y proceden a formar uno nuevo bajo el nombre de Partido Republicano Calderonista; el directorio de la Juventud de Unificación encabezado por Mario Romero Arredondo también decide renunciar y unirse al nuevo partido.


El acto final de la crisis del Partido Unificación Nacional fue la muerte repentina, el 16 de julio de 1977, de don Paco Calderón Guardia. Desaparecido este veterano dirigente, reconocido maestro en el arte de la negociación y el cabildeo, lo que había sido el capital político si no electoral del partido terminó por disiparse: en las elecciones de 1978 su candidato Guillermo Villalobos Arce apenas obtuvo el 1.7% de los sufragios.

La formación de una coalición de partidos para enfrentar al PLN en las elecciones de 1978 cobró fuerza a partir de una propuesta del ex-presidente Trejos la cual condujo a que los partidos Renovación Democrática, Nacional Independiente, Demócrata Cristiano, Unión Popular y Republicano Calderonista firmaran un acuerdo de coalición el 30 de enero de 1976; como dicho documento fue firmado en una ñnca perteneciente a Orlando Sotela Montagné ubicada en San Rafael de Ojo de Agua, es también conocido como "Pacto de Ojo de Agua". El paso siguiente fue la convocatoria de una convención abierta para escoger el candidato presidencial.82 El 13 de marzo de 1977 se enfrentaron Rodrigo Carazo, presentado por los partidos Renovación Democrática, Demócrata Cristiano y Unión Popular, y Miguel Barzuna, un empresario nuevo en la política, apoyado por los partidos Republicano Calderonista y Nacional Independíente. Aunque por un margen estrecho, triunfó la candidatura de Rodrigo Carazo quien obtuvo 52% del total de 127.918 votos emitidos. De acuerdo con estos resultados parece que la fuerza electoral de la futura coalición constaba de dos grandes segmentos: el sector Calderonista, y el sector caracista en que coincidían los partidos Renovación Democrática, Unión Popular y Demócrata Cristiano.

Después de las elecciones primarias se produjeron varios conflictos y escisiones dentro de la entonces muy Joven coalición: Miguel Barzuna se retiró de la política y los partidos Nacional Independiente y Unión Nacional renunciaron a seguir participando en la coalición. Apoyado por el ex-presidente Echandi. don Jorge González Martén fue proclamado, poco después, como candidato por el partido Nacional Independíente.

El 19 de agosto de 1977 la Coalición Unidad queda definitivamente conformada por los partidos Renovación Democrática. Unión Popular, Demócrata Cristiano y Republicano Calderonista; se acuerda integrar un nuevo Comité Ejecutivo Nacional bajo la presidencia del conocido empresario Manuel Jiménez de la Guardia y se declara la intención de participar también en las elecciones de 1982 utilizando para ese efecto la estructura del partido Unión Popular. Con esto queda libre el camino para enfrentar la fase final de la campana, durante el segundo semestre de 1977 y enero de 1978.


Aunque había otros partidos, muy pronto fue claro que la elección se decidiría entre Luis Alberto Monge, candidato del PLN y Rodrigo Carazo, candidato de la Unidad. La coalición opositora tenía, como punto de partida, bases electorales suficientes como para competir y aspirar a] triunfo; lo que faltaba era una movilización adicional de lealtades suficiente como para ganar. En esto último la figura carismática de Carazo, con su sonrisa a flor de labios y su tremenda capacidad histrióníca, resultó ser crucial. A medida que avanzaba la campaña las adhesiones se multiplicaban; Calderón Fournier participaba activamente al lado de Carazo y muy pronto también fue evidente que este joven político brillaba, como dirigente, con luz propia. A la bandera de la coalición, blanca y celeste, se le agregó una letra U roja en el centro buscando con ello que los calderonistas hallaran un símbolo adicional de identificación; antiguo disidente del PLN, el propio Carazo atraía a sectores disconformes de ese partido, afectado por el desgaste de 8 años en el gobierno y continuas denuncias de escándalos y corrupción. Poco antes de la elección varios ex-militantes del partido Nacional Independiente hicieron pública su adhesión a la Unidad. A todo esto se sumaba el voto de los más próximos a Carazo, es decir los militantes de los partidos Renovación Democrática, Demócrata Cristiano y Unión Popular. La campaña concluyó con una gran concentración de fuerza el 29 de enero de 1978. El 5 de febrero el lema de Carazo "[Vamos a ganar!" se volvió realidad. La coalición Unidad obtenía el 50.5% de los votos. Nunca antes la oposición al PLN había conseguido un triunfo semejante.

FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL PARTIDO UNIDAD SOCIAL CRISTIANA, 1979-1998.

 

Resumido en un diagrama como el que se presenta en la página 56 el proceso de formación del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) parece más simple de lo que en realidad fue. El Partido Unificación Nacional se formó en 1965 como una simple alianza electoral entre los partidos Republicano y Unión Nacional organizada para enfrentar al Partido Liberación Nacional (PLN); su éxito no fue más allá de las elecciones de 1966 en que José Joaquín Trejos logró vencer, por estrecho margen, a Daniel Oduber. El fracaso del Partido Unificación Nacional en 1970 convenció a algunos dirigentes de la necesidad de intentar otra coalición, tratando esta vez de ampliar el espectro político e incorporar a fuerzas y líderes más nuevos. Puede plantearse que ese fracaso electoral de 1970 también convenció a otros líderes de ese partido de que la derrota del PLN no era algo a la vista por lo cual lo más conveniente y realista era aceptar una especie de co-gobierno con los liberacionistas. Las intenciones en pro de una nueva coalición no dieron frutos en 1973 pero el resultado de las elecciones de 1974 se convirtió en un poderoso acicate para tratar de hacerlo en 1977. La coalición Unidad surgió así de una alianza entre disidentes de Unificación aglutinados en los partidos Unión Popular y Republicano Calderonista. militantes de un partido nuevo y pequeño, pero de gran coherencia ideológica como lo era la Democracia Cristiana, y un grupo de disidentes desencantados del PLN atrincherados en el Partido Renovación Democrática. El éxito de la coalición Unidad tuvo que ver con una feliz combinación de liderazgo (Carazo), votos (calderonismo y disidentes liberacionistas), ideología (social cristianismo) y cuadros dirigentes (calderonismo, Unión Popular, disidentes liberacionistas).


Pasadas las elecciones de 1978 el gran desafío fue cómo mantener la coalición y transformarla en un partido político permanente y exitoso. Otra vez, el camino estuvo lleno de dificultades; llegar de la coalición Unidad al PUSC no fue tan simple y directo como lo señala la flecha del diagrama. En la primera sección de este capítulo estudiaremos precisamente ese proceso de formación del partido.

El arte de navegar en la tormenta: 1980-1982

El gobierno de Rodrigo Carazo comenzó con buenos augurios pero pronto tuvo que enfrentar una severa situación de crisis. Subieron los precios del petróleo y cayeron los del café mientras que el gobierno, deseoso de no perjudicar su popularidad, no tomó medidas correctivas inmediatas que hubieran implicado restringir las importaciones y frenar el gasto público; antes bien, continuó como si nada ocurriera recurriendo al crédito externo de corto plazo. A los problemas económicos se sumaron, casi enseguida, los políticos. La crisis centroamericana comenzó en 1978-79 con un aumento notable de la guerra civil en Nicaragua y El Salvador, lo cual primero trastornó y después interrumpió el Mercado Común Centroamericano. La incipiente industria nacional, dependiente de esos circuitos comerciales, se vio duramente afectada. Por otra parte, la lucha del Frente Sandinista contra Somoza cobró un cariz muy dramático hacia fines de 1978. La insurrección crecía y la masacre de civiles por parte de la Guardia Nacional de Nicaragua estaba a la orden del día; al mismo tiempo los incidentes en la frontera norte se multiplicaron y el gobierno tuvo que acudir a los organismos internacionales y a la ayuda de los gobiernos de Panamá, Venezuela y México para contrarrestar la amenaza somocista. La inmensa mayoría de los costarricenses simpatizaba con los sandinistas así que la decidida actitud del gobierno de Carazo le hizo ganar todavía más popularidad. Cuando cayó el odiado régimen de Somoza, en julio de 1979, hubo muchos festejos y también una íntima sensación de alivio por la tranquilidad ganada. Seis meses después, en enero de 1980, el gobierno no pudo ya sostener la cotización del colón frente al dólar y comenzó una rápida devaluación: la crisis económica estaba entre nosotros.


Al ocupar casi todo el escenario, el drama de Nicaragua había ocultado otros rasgos del gobierno de Carazo que salieron a relucir con toda su fuerza hacia 1980. Su estilo político era muy personalista y por eso mismo no había logrado conformar un equipo armonioso de gobierno; las relaciones con la Asamblea Legislativa, en la cual la Unidad no tenía la mayoría necesaria de 29 diputados, se fueron poniendo cada vez más tensas y al final el presidente se quedó sin el apoyo de su propia fracción. Enrique Benavides, un sagaz periodista que dirigía entonces la página de opinión del diario La Nación, escribió con sarcasmo, pero también con cierta tristeza, que el gobierno de Carazo era un gobierno de ocurrencias.

Lo cierto es que la crisis económica se fue agudizando y poco se hizo por enfrentarla; en un momento en que ya no quedaban alternativas el gobierno entró incluso en conflicto con el Fondo Monetario Internacional, lo cual no tuvo otro efecto que agravar la situación posponiendo cualquier plan de solución para el gobierno que resultara electo en febrero de 1982.

Fue en este contexto de crisis y conflictos, y cuando los índices de popularidad del gobierno llegaban a valores francamente negativos, que se planteó el problema de cómo salvar la coalición Unidad de lo que parecía un precipicio inevitable. Si eso se logró fue por la voluntad y decisión de algunos dirigentes, por la fidelidad a toda prueba de una apreciable proporción del electorado, y sobre todo, por el surgimiento de un nuevo líder que supo conducir el barco sin que se hundiera, en medio de la tormenta. Los pasos esenciales de este proceso se resumen en el cuadro titulado "Formación del PUSC (1979-1983) que aparece en la página 79 .

El 8 de febrero de 1978 el Registro Civil había aprobado la prórroga de la Coalición Unidad presentada dos días antes por Rodrigo Carazo, Rafael Ángel Calderón Fournier, Manuel Jiménez de la Guardia, Rafael Alberto Grillo y Carmelo Calvosa ese trámite oportuno posibilitaba, a menos que sus integrantes decidieran lo contrario, volver a presentarse en forma coaligada en las elecciones de 1982. El proceso no fue, sin embargo, sencillo.

Lo primero que quedó descartado fue la transformación de la coalición de cuatro partidos en un partido único- Aunque el tema estaba en la agenda e incluso se había previsto que el Partido Unión Popular funcionara como partido "crisol" en las elecciones de 1982, nada se pudo hacer porque para ello se requería una reforma a los artículos 54 y 62 del Código Electoral. Sin mayoría en la Asamblea Legislativa los diputados de la Unidad no consiguieron la aprobación de la misma. Lo primero que se planteó fue entonces retornar a la situación inicial de la coalición, lo cual implicaba que el Partido Unión Popular volviera a elegir sus órganos legales de representación. Como se había previsto que el Unión Popular fuera el partido de la fusión, tanto su Asamblea Nacional como su Directorio político habían sido alterados, justamente para dar participación a los otros miembros de la coalición. Desechada esta posibilidad, era imperativo volver a la situación inicial de la Coalición.

Hay que tener en mente que para poder disponer del fínanciamiento adelantado al que tenía derecho la coalición, en función de los sufragios obtenidos en 1978, no tenia que haber modificación alguna en su composición; cualquier cambio o problema en esa dirección constituiría un impedimento legal insalvable para poder utilizar dicho financiamiento. Entre enero y abril de 1981. y luego de varios incidentes, el Partido Unión Popular recobra su autonomía y autoridades.
Las cosas se complicaron en Cuanto comenzó la lucha de tendencias para elegir el candidato presidencial. La convención abierta estaba prevista para el 22 de febrero de 1981. En octubre de 1980 se habían inscrito como pre-candidatos Rafael Ángel Calderón Fournier del Partido Republicano Calderonista y Rodolfo Méndez Mata apoyado por un grupo variado en el que predominaban miembros del Partido Renovación Democrática. Ambos habían sido ministros en el gabinete de Carazo.

 

Poco después, y también con el apoyo del Partido Renovación Democrática intentó inscribir su candidatura el Lic. Rodrigo Madrigal Nieto. El tribunal de la coalición rechazó la candidatura de Madrigal Nieto ya que éste la había condicionado a la solución, previa a la convención, de la situación que se presentaba con el Partido Unión Popular; el tribunal consideró que eso no era de su incumbencia y que quienes tenían que ocuparse de ese asunto eran las Asambleas Nacionales de los partidos miembros de la coalición. Se produjo enseguida una crisis dentro del Partido Renovación Democrática originada en parte por la mencionada candidatura y su rechazo; las cosas no iban mejor dentro del Partido Unión Popular debido a conflictos en torno a la integración de su Asamblea Nacional. La convención se llevó a cabo como estaba previsto y el Lic. Calderón Fournier obtuvo una fácil victoria sobre su contrincante, obteniendo el 75% de los votos.
La vía a las elecciones no quedó sin embargo despejada. Los conflictos dentro de Renovación Democrática hicieron que este partido se separara temporalmente de la coalición, en julio de 1981. En estas circunstancias los partidos Republicano Calderonista, Unión Popular y Demócrata Cristiano decidieron ir solos a la elección y cambiaron la bandera de la coalición por otra con los colores rojo y azul.

Sólo después de una declaración del Tribunal Supremo de Elecciones, indicando que de no participar Renovación Democrática la coalición no tendría derecho a utilizar fondos de la deuda política adelantada, y mediando la elección de una nueva Asamblea Nacional, se produjo el reingreso de dicho partido.

Vistos desde la superficie estos ires y venires pueden parecer incomprensibles; lo que los mueve, sin embargo, es el temor de que la coalición quede en las manos del grupo calderonista. En esa dirección apuntaba el triunfo arro-llador de Rafael Ángel Calderón Fournier en la convención; una vez comenzada la campaña también fue evidente que, y a pesar de las circunstancias adversas, "el hijo del doctor" era un líder nato que sabia llegar al corazón de la gente. El conflicto con Renovación Democrática tuvo que ver con la composición de las listas de candidatos a diputados y regidores; tanto Calderón Fournier como Méndez Mata cedieron a este partido varios puestos en las papeletas pero había un grupo que pretendía un número mayor de puestos; esto equivalía a desconocer los resultados de la convención abierta celebrada el 22 de febrero de 1981. Finalmente, y luego de muchas vueltas, el Partido Renovación Democrática aceptó reintegrarse a la coalición. Oscar Aguilar Bulgarelli, Roberto Tovar Faja y Rodolfo Méndez Mata tuvieron un papel destacado en esas negociaciones.

Finalmente, a fines de agosto de 1981 el camino queda despejado y la coalición Unidad, con su nueva bandera azul y roja, puede participar en la contienda electoral prevista para el 7 de febrero de 1982. Las condiciones de la campaña son poco favorables ya que la coalición no tiene más remedio que cargar con la impopularidad y los desaciertos del gobierno de Carazo. A pesar de eso, y sabiendo que no tiene posibilidades de ganar, Calderón Fournier hace campaña sin descanso. Su objetivo es salvar la coalición y el futuro partido; y él sabe bien que eso dependerá tanto del porcentaje de votos obtenidos como de su capacidad de convencer. Los resultados no lo defraudan. El 7 de febrero de 1982 la coalición Unidad obtiene 34% de los votos y logra elegir 16 diputados; en medio de la adversidad eso era una victoria.


La formación del Partido, 1982-1989

Al otro día de las elecciones comienzan las gestiones para lograr la fusión de los integrantes de la coalición y llegar a conformar un único partido. Se tramita la prórrroga de! pacto de coalición y en mayo de 1982 se nombra un nuevo Comité Ejecutivo Nacional integrado por Rafael Ángel Calderón Fournier (presidente) Cristian Tattenbach Yglesias (vice-presidente), Roberto Tovar Faja (secretario general) y Andrés Jenkins Dobles (tesorero). Este comité más los miembros de los comités ejecutivos nacionales de cada partido pasan a formar el Directorio Político Nacional de la coalición; al mismo tiempo se integra, bajo la coordinación de Tovar Faja el secretariado nacional, con 16 miembros encargados de tareas especificas como finanzas, asuntos laborales, planes y programas, juventud, formación y doctrina, etc. Con esta reorganización se quería avanzar hacia una integración más completa. Como veremos luego, este paso fue importante porque anticipaba lo que será la futura estructura organizativa del PUSC.

El segundo frente de acción fue en la Asamblea Legislativa para buscar la aprobación de las reformas necesarias al Código Electoral. Allí las cosas no eran fáciles ya que la coalición sólo contaba con 16 diputados; se imponía pues un proceso de negociación. La fracción parlamentaria de la Unidad dirigida por Rolando Laclé buscó el indispensable acercamiento con el PLN, lo cual fue facilitado por la situación de crisis que vivía el país y la actitud del presidente Luis Alberto Monge. En efecto, desde que asumió el Poder Ejecutivo Monge se preocupó por establecer un consenso nacional, una idea también compartida por Rafael Ángel Calderón Fournier; en su visión solo así iba a ser posible la adopción de las medidas que requería la crisis económica interna, en un contexto en el cual, además, había que enfrentar los desafíos de la crisis centroamericana. Como se sabe ésta se caracterizaba por un aumento generalizado de la guerra y la violencia, en medio de un abierto conflicto entre los Estados Unidos y el gobierno sandinista de Nicaragua.

Por otra parte y a diferencia de otros dirigentes del PLN Monge si creía que sería beneficioso tanto para el país como para el propio PLN la existencia de un partido de oposición fuerte; él veía como pernicioso para la democracia tanto el partido único como la atomización de las fuerzas políticas. En las negociaciones los personajes cruciales fueron Bernal Jiménez y el propio presidente Monge, por parte del PLN, y Rafael Ángel Calderón Fournier y Rolando Laclé por parte de la Unidad.

Luego de arduas negociaciones legislativas las reformas al Código Electoral quedaron aprobadas en tercer debate en la madrugada del 15 de diciembre de 1982. Los votos necesarios provinieron de 14 diputados de la coalición Unidad y de los representantes del PLN que siguieron la solicitud del presidente Monge. Los diputados Juan José Trejos y Ricardo Rodríguez Solórzano se opusieron férreamente al proyecto argumentando que había un pacto "inconfesable" con el PLN, y anunciaron en el plenario legislativo que se retiraban de la Unidad. Esta oposición se puede explicar en los mismos términos que la crisis que se produjo en los partidos Unión Popular y Renovación
Democrática en 1980 y 1981: resistencias ante el ascenso del liderazgo de Rafael Ángel Calderón Fournier. En realidad, la negociación con el PLN se había limitado a la aprobación de una veintena de proyectos no conflictivos; lo que sí quedó -y no podía ser de otra manera- fue una experiencia de entendimiento a la que ambos partidos acudirían después, siguiendo las circunstancias.


Aprobadas las reformas quedaban pocos obstáculos para la fusión definitiva. En abril de 1983 el Directorio Político de la coalición adoptó un calendario y enseguida se acordó que el Partido Unión Popular serviría de receptor de los otros tres, cambiando su nombre por el de Partido Unidad Social Cristiana. Las Asambleas Nacionales de cada partido debían de acordar, previamente, su disolución para dar enseguida paso a la fusión. Legalmente esto implicaba que mientras existiera el nuevo partido no podrían volver a inscribirse ninguno de los partidos fusionados.

Durante el proceso de fusión las objeciones vinieron del Partido Demócrata Cristiano. Los temores" se referían a que el nuevo partido no tenía todavía Claramente establecida la identidad ideológica; hubo quienes opinaron que éste era un puro "engendro alimentado por el sentimiento antiliberacionísta" mientras que otros delegados consideraban que había llegado el momento de acabar con los sectarismos y que nada se lograría sin la consolidación de la unidad. Los opositores a la fusión pretendieron impedir la realización de la última Asamblea Nacional del partido, pero al final ésta se llevó a cabo y el Tribunal Supremo de Elecciones rechazó los recursos presentados para declarar su nulidad.

El 17 de diciembre de 1983 sesionaron por última vez las Asambleas Nacionales de los partidos Unión Popular, Renovación Democrática, Republicano Calderonista y Demócrata Cristiano y acordaron fusionarse. Ese mismo día quedó integrado, bajo la presidencia de Rafael Ángel Calderón Fournier, el primer Comité Ejecutivo Nacional del nuevo partido. Los demás integrantes eran Cristian Tattenbach Yglesías como vice-presidente, Roberto Tovar Faja como secretario general y Andrés Jenkíns Dobles como tesorero. La solicitud de inscripción ante el Registro Civil fue presentada por los cuatro presidentes de los partidos fusionados el 21 de diciembre; el 18 de enero de 1984 esta solicitud fue resuelta favorablemente: más que un sencillo ritual burocrático éste era, en verdad, el final feliz de un largo recorrido.
1984 fue el año de organización del Partido Unidad Social Cristiana. El 28 de abril se reúne la Asamblea Nacional y se aprueban los primeros estatutos; la secretaria de planes y programas empieza a preparar un Congreso Ideológico, el cual tendrá lugar los días 12 y 13 de octubre de ese mismo año. Por último se convoca a una convención para elegir el candidato presidencial con vistas a las elecciones de 1986. Se inscriben como pre-candidatos Rafael Ángel Calderón Fournier y Osear Aguilar Bulgarelli; sin embargo, a poco de empezada la campana Osear Aguilar decide retirarse debido a la falta de fínan-ciamiento y al hecho de que las encuestas de opinión le daban una desventaja de diez a uno con respecto al otro precandidato.

Al quedar solo un pre-candídato la convención se suspende y se cita a la Asamblea Nacional del partido; en una emotiva ceremonia realizada en Heredia, el 2 de diciembre de 1984, Rafael Ángel Calderón Fournier fue electo como candidato presidencial.

La campaña electoral 1985-86 comenzó bien para el PUSC. Dentro del PLN la candidatura de Osear Arias despertaba algunas resistencias y su figura, escasamente carismática, tardó en lograr el favor del público. Entretanto, Calderón Fournier no sólo lograba movilizar las bases calderonístas sino que se preocupaba por facilitar el regreso de los disidentes. El diputado Juan José Trejos retomó al partido en 1985 asumiendo una de las vice-presidencias del Comité Ejecutivo Nacional; poco después también se reincorporó el ex-precandidato Dr. Aguüar Bulgareli. La campaña cambió de rumbo en el segundo semestre de 1985 cuando la propaganda liberacionista logró centrarla en dos temas básicos: la paz en Centroamérica y la promesa de dar "80,000 soluciones de vivienda". Unas declaraciones desafortunadas de Rafael Ángel Calderón, insistentemente retomadas por la propaganda contraria, lo hicieron aparecer como partidario de la guerra mientras que el candidato del PLN insistía hábilmente en el tema de la paz. Perdida la iniciativa, la propaganda de la Unidad Social Cristiana se orientó a denunciar el escándalo del "Fondo de Emergencias" de la Casa Presidencial; esa campaña negativa tocó fondo enseguida y fue respondida con una agresiva publicidad liberacionista señalando que todos los candidatos del PUSC habían participado en el gobierno de Carazo, y que ellos eran. por ende, responsables de la crisis económica que todavía vivia el país.

El 2 de febrero de 1986 el resultado electoral favoreció a Osear Arias por una diferencia de 6.5%; sin embargo el PUSC logró elegir 25 diputados mientras que su candidato presidencial había recibido el 45.8% de los votos válidos. No quedaban dudas de que el PUSC podía movilizar un caudal de votos parecido al del PLN; en otros términos todo parecía indicar que después de largos años de hegemonía liberacionista, sólo ocasionalmente interrumpidos por alianzas de fuerzas de oposición heterogéneas y por lo tanto efímeras, se estaba llegando a un sistema político bipartidista.

Para el candidato derrotado, sin embargo, la situación personal fue difícil. La pérdida de 1982 se sabia inevitable; el sentido de la campaña había sido salvar la coalición y posibilitar así el nacimiento del partido. En 1986, en cambio, el triunfo parecía haber estado a la vuelta de la esquina y la frustración se originaba en algo aparentemente inexplicable. Rafael Ángel Calderón Fournier anunció que no seria otra vez candidato en 1990 y pensó incluso en retirarse temporalmente de la política.

Estructura y organización

La estructura organizativa del PUSC fue aprobada en 1984 y en lo que se refiere a los organismos de representación legal se ajusta a lo estipulado en el Código Electoral. La estructura organizativa, sin embargo, presenta aspectos originales que se refieren sobre todo a como se articulan dentro del partido diferentes organizaciones de la sociedad civil. El organigrama que se presenta en la página 67 incluye todos estos aspectos en forma resumida. La columna vertebral está constituida por la línea de jerarquía: Asamblea Nacional, Asambleas Provinciales, Asambleas Cantonales y Asambleas Distritales. Cada una de estas asambleas tiene su propio comité ejecutivo, encargado, como su nombre lo indica, de llevar a cabo lo en ellas decidido. El Directorio Político Nacional es un organismo ejecutivo de "dirección política" integrado por el Comité Ejecutivo Nacional y representantes de las "fuerzas vivas" del partido como ex-presidentes de la República, Jefe y subjefe de la Fracción Parlamentaria, representantes de los frentes y organizaciones sectoriales, etc. De él dependen dos tribunales: el electoral y el de disciplina y ética. También depende del Directorio Político Nacional el Secretariado Nacional; este organismo se ocupa de aspectos administrativos y de acción politica, existiendo alrededor de una docena de secretarias especificas (organización política, relaciones internacionales, asuntos municipales, planes y programas, finanzas, etc.). Los organismos funcionales son frentes u organizaciones sectoriales;
juventud, mujeres, empresarios, trabajadores, cooperativas, etc.

La Asamblea Nacional, integrada por diez delegados de cada Asamblea Provincial, es el órgano de máxima autoridad del partido. La Asamblea General es un organismo que tiene como principal función recomendar todo tipo de asuntos a la Asamblea Nacional; está integrada por los miembros de las Asamblea Nacional más los miembros del Directorio Político Nacional,
El Congreso Ideológico tiene por objetivo "estudiar y analizar periódicamente el programa doctrinario e ideológico del partido". Forman parte de él los miembros de la Asamblea Nacional, el Directorio Político, diputados y exdiputados, ex-presidentes, ex-ministros, los titulares de las secretarías nacionales, delegados de las organizaciones funcionales y un representante de cada una de las Asambleas Cantonales. Las propuestas del Congreso Ideológico deben ser aprobadas, para su incorporación al programa del partido, por la Asamblea Nacional.
Como puede verse, la estructura organizativa del partido Incluye representación de los militantes y simpatizantes en dos niveles: la jerarquía espacial, cantón, provincia, nación; y los sectores funcionales. Por otra parte, también se garantiza una representación adecuada de los miembros del partido que desempeñan o han desempeñado cargos de elección popular. En este sentido es muy importante la presencia de la Fracción Legislativa.


Los estatutos aprobados en 1984 están todavía hoy, en 1998, en vigencia. Ha habido, eso si, modificaciones parciales de cierta importancia en 1992 y 1997. Esas modificaciones, sin embargo, no han cambiado las estructuras básicas sino más bien ampliado la participación, tanto a nivel sectorial como espacial. También ha habido algunos cambios de nomenclatura. Asi por ejemplo, el Congreso Ideológico, que en los estatutos de 1984 estaba integrado por alrededor de 600 miembros pasó a estar conformado, en 1997, por unos 2.500 participantes y a denominarse Congreso Nacional. Las reformas aprobadas en 1997 dan más peso a las bases y les garantizan presencia directa en los organismos de mayor jerarquía decisoria. La ambición de convertir al PUSC en un partido de militantes, conscientes, políticamente educados y por lo tanto capaces de desarrollar una amplia participación, es. por cierto, lo que está detrás de estos cambios de organización.

En 1984 y 1985 la participación femenina adquirió particular relevancia. Poco después del Congreso Ideológico se celebró el primer seminario orientado a la capacitación de las mujeres en la acción política. En él se combinaron la metodología participativa y el trabajo voluntario buscándose responder a dos tipos de presiones: la que venía de las propias mujeres, en las bases del partido, aspirantes a que se las viera como algo más que haciendo sandwiches y banderas durante las campañas políticas; y el frecuente, aunque poco enunciado prejuicio masculino, de considerarlas poco capaces de tener ideas y organización propias. En el seminario participaron 350 mujeres provenientes de todo el país y se las capacitó en técnicas de trabajo en grupo, fijación de nietas, coordinación y comunicación. La participación de la esposa del candidato presidencial, doña Gloria Bejarano de Calderón, fue descollante y se evidenciaron tanto sus dotes de líder como su notable capacidad de organización; a su lado, desplegaron también gran actividad otras dirigentes como Anabella de Rodríguez. Mary Albán, Nury Vargas, Ana de Salgado, Ana Lorena Quirós, Viria Marín, Mabel Nieto. Flory Soto y muchas más.

Las mujeres participantes en el seminario se integraron en los comités cantonales, trabajando activamente en la campana política con vistas a las elecciones de 1986. A poco de iniciado ese trabajo, los altos dirigentes del partido comenzaron a recibir quejas de que la organización de la campaña no iba bien, señalándose sobre todo problemas de comunicación entre la dirigencia y las bases. La respuesta a estas inquietudes fue la organización de un seminario de capacitación a nivel nacional en que participaron 700 dirigentes, mujeres y hombres; obviamente, allí se aprovechó la experiencia acumulada por el sector femenino.

En un detallado diagnóstico sobre la participación del PUSC en la campaña electoral 1985-86 luego de una evaluación muy positiva de la participación de las mujeres se dice lo siguiente:

"Vale la pena investigar cuáles fueron los motivos que diferenciaron las acciones femeninas con respecto a otros sectores, como la juventud, por ejemplo. Si bien no se plantearon cuestionamientos ideológicos de fondo, fueron muy explícitos al señalar que el papel de la mujer en política no podía ser de mera expectación y mucho menos aceptar un rol secundario siempre detrás de los intereses masculinos. La problemática de la mujer fue esbozada en algunos encuentros y seminarios que se realizaron antes y en el periodo de campaña y sin estridencia ni poses espectaculares, pero con dedicación, sacrificio y alto espíritu de servicio, las mujeres se esforzaron por ganar las elecciones. Dejaron atrás las discrepancias y continuaron con sus tareas de afinar su organización. El resultado no pudo ser mejor: se llegó al día de las elecciones con un nivel de organización estable, más maduro, autos uficíente en muchas de sus lineas. "

La Organización Femenina Social Cristiana, prevista en los estatutos como uno de los frentes funcionales pero inexistente todavía como tal, quedó consolidada durante el duro despegue de la campaña electoral con vistas a las elecciones de 1990, hacía fines de 1987. Se realizaron elecciones a nivel de cada comunidad llegando a votar más de cuarenta mil mujeres. El grupo presidido a nivel nacional por doña Gloria Bejarano de Calderón obtuvo casi el 90% de los sufragios emitidos y empezó a trabajar enseguida, garantizando la unidad y persistencia del movimiento femenino. Hubiera sido difícil pedir un comienzo mejor.

Triunfo y consolidación. 1990-1998

El Dr. Miguel Ángel Rodríguez comenzó a promover su eventual candidatura presidencial en 1987; también lo hizo el Lic. Germán Serrano Pinto, quien había sido Ministro de Trabajo en el gabinete de Carazo y era conocido por su apego al pensamiento social cristiano- Rafael Ángel Calderón Fournier apoyaba al Dr. Rodríguez. En el curso de la lucha entre los precandidatos se producen, como es inevitable, algunos roces pero. además, comienza a percibirse que las bases del partido esperan una nueva candidatura de Calderón. Las encuestas así empiezan a mostrarlo: Rodríguez y Serrano tenían apenas un porcentaje de adhesión de 16 o 17%. En diciembre de 1987, falto de fondos para continuar, Germán Serrano decide retirar su candidatura y busca un acuerdo con el Dr. Rodríguez. Pero al final no se llega a nada. Entretanto se habían producido ciertos choques entre Rodríguez y Calderón por la lista de candidatos a diputados; muchos dirigentes comienzan a manifestarse en pro de la candidatura de Rafael Ángel Calderón. El 26 de febrero de 1988 Calderón y Serrano Pinto firman un acuerdo con vistas a la convención del partido, la cual está prevista para el 27 de noviembre de ese mismo año; por este. Serrano Pinto será candidato a Primer Vicepresidente y su movimiento tendrá dos puestos "elegibles" de diputados, uno en San José y otro en Heredia; ambos dirigentes se compromenten a que el PUSC profundice la orientación social cristiana. Poco después se genera un movimiento, que parte sobre todo de los diputados del PUSC, para solicitarle formalmente a don Rafael Ángel Calderón Fournier que vuelva a ser candidato a la presidencia.


Después de dos periodos consecutivos del PLN en el poder, y demostrada la fuerza del PUSC en las elecciones de 1986, las perspectivas para ganar las elecciones en 1990 eran muy favorables. Luego de muchas solicitudes y consideraciones Rafael Ángel Calderón Fournier anuncia su candidatura en una conferencia de prensa celebrada en las oficinas de la fracción legislativa. Miguel Ángel Rodríguez decide seguir en la lucha, así que las cosas se dirimen en una convención celebrada el 27 de noviembre de 1988. Como era de esperar. Rafael Ángel Calderón Fournier ganó la candidatura por un 75% de los votos emitidos. Demás está decir que cumplió, punto por punto, lo pactado previamente con el Lic. Serrano Pinto. El Dr. Rodríguez se integró enseguida a la campaña siendo candidato a diputado por la provincia de San José

La campana de 1989-90 contó con una organización más eficiente. La lucha de tendencias que precedió la selección del candidato constituyó un importante fogueo y se reveló también como una prueba de madurez política: el PUSC salió de ella fortalecido y mejor preparado para la lid electoral. Por otra parte, el contrincante liberacíonista Carlos Manuel Castillo tampoco era un candidato muy atractivo y la aplicación de las medidas de "ajuste estructural" durante la administración Arias habían tenido un alto costo social; los temas principales de la campaña tenían que ver con la reforma del estado y la necesidad de políticas y mecanismos de compensación social. Calderón volvió a recorrer todo el país y su figura carismática superó fácilmente a la del candidato opositor. En las elecciones del 4 de febrero de 1990 el PUSC obtuvo una gran victoria; Calderón fue electo presidente con el 51% de los votos válidos y se lograron elegir 29 diputados. Se alcanzaba no sólo la presidencia sino también la mayoría en la Asamblea Legislativa y una rotunda victoria en las siete provincias del país. El triunfo de 1990 confirmaba el avance, ya vislumbrado en 1986, hacia un sistema bipartidista.


El gobierno de Calderón Fournier (1990-94) continuó con la transformación y apertura de la economía iniciadas durante las administraciones de Monge (1982-86) y Arias (1986-90). En 1990 se completó la renegociación de la deuda externa con la banca privada internacional, se aprobó una nueva ley del régimen de zonas francas, y el país se incorporó como miembro del GATT. En 1992 se liberó el mercado cambíario y el gobierno propuso al Banco Mundial la carta de política de desarrollo correspondiente al PAE [II. La firma de un tratado de libre comercio con México a fines de 1993 fue otro paso importante. La caída en los precios internacionales del café obligó a la creación de un Fondo Nacional de Estabilización Cafetalera para compensar a los productores; el gran aumento del turismo permitió amortiguar, sin embargo, los efectos de esta caída sobre el comercio exterior.

En 1992 y 1993 la inflación disminuyó, al igual que el déficit del sector público, y el Producto Interno Bruto experimentó un fuerte crecimiento: 3.1% en 1990, 2,1% en 1991, 7,3% en 1992 (el más alto registrado en América Latina durante ese año) y 6.0% en 1993. La reforma del estado, también iniciada en gobiernos anteriores, fue continuada y acelerada.
En el campo social hay que destacar varios programas de lucha contra la pobreza, incluyendo la formulación de una política de distribución de bonos gratuitos para vivienda. Se estima que al cabo de 4 años de gobierno se entregaron un total de 59.310 bonos llegándose a construir un total de 96.000 viviendas. El aumento de las áreas de protección y conservación ambiental fue otro logro importante, al cual hay que sumar el incremento en la reforestación. La administración Calderón logró conjugar las inevitables medidas de transformación y apertura de la economía con un programa de compensación social y protección ambiental-
Lo que sigue, en la década de 1990, es la consolidación del PUSC como un partido de igual importancia que el PLN. Asi lo revela la pérdida de las elecciones en 1994 por un escaso margen de 1.8% y la obtención de 24 bancas en la Asamblea Legislativa. Y así lo muestra también con creces el triunfo del Dr. Miguel Ángel Rodríguez en las elecciones celebradas el 1° de febrero de 1998.

Liderazgo y conducción política

En el éxito o fracaso de un partido político intervienen ciertos factores básicos. y por lo tanto más estables, como son la organización, la capacidad de movilización de sus miembros y simpatizantes y la fuerza de sus ideas. También actúan elementos relativamente ocasionales, referidos a coyunturas y situaciones específicas, los cuales, por su naturaleza, casi nunca se repiten. Es en este contexto que conviene plantear el papel de los líderes y dirigentes. La viejísima fórmula de Aristóteles: "desde e! nacimiento, algunos están destinados a obedecer, y otros a mandar" refleja bien lo que parece ser un rasgo común, mutatís mutandi, en todas las sociedades humanas.

El poder de tipo tradicional, es decir regido por la fuerza de la costumbre, el poder originado en un orden racional-legal y el poder basado en el carisma personal del líder. Es esta una tipología analítica por lo cual hay que buscar, en cada caso concreto, como se presentan, en forma combinada, los tres tipos puros recién mencionados.

El mismo Weber, en un artículo que conserva todavía plena actualidad, consideró que tres eran las cualidades importantes para un político: la pasión, el sentido de la responsabilidad y la mesura; la vanidad, por su parte, era el enemigo principal. La pasión se refiere a la entrega personal a una causa determinada, la responsabilidad al grado de compromiso con ella y la mesura a la "capacidad para dejar que la realidad actúe sobre uno sin perder el recogimiento y la tranquilidad, es decir, para guardar la distancia con los hombres y las cosas." Dicho esto, "el problema es, precisamente, el de cómo puede conseguirse que vayan juntas en las mismas almas la pasión ardiente y la mesurada frialdad" [...] "La 'fuerza' de una 'personalidad' política reside, en primer lugar, en la posesión de estas cualidades." Frente a estos requisitos positivos, la vanidad es un enemigo mortal, el cual amenaza en forma cotidiana a todo político. Ella aparece cuando el ansia o instinto de poder "deja de estar al servicio de la 'causa' para convertirse en pura embriaguez personal."

Estos conceptos son suficientes para introducir, y analizar después, el tema de este apartado. En la corta historia del PUSC dos han sido hasta hoy (1998), y en forma sucesiva, sus líderes indiscutidos: Rafael Ángel Calderón Fournier y Miguel Ángel Rodríguez.

Rafael Ángel Calderón Foumier


Puede decirse que Rafael Ángel Calderón Fournier convive con la política desde el momento mismo de su nacimiento en Diriamba (Nicaragua), el 14 de marzo de 1949. Su padre, el Dr. Calderón Guardia no es sólo un ex-presi-dente sino también el jefe indiscutido de los derrotados en la guerra civil de 1948. La vida en un hogar de exiliados unos pocos meses en Nicaragua y luego varios años en México— se extiende hasta el 8 de junio de 1958. El regreso a Costa Rica no es el de un niño común: acompaña a su padre y recibe los vítores de miles de simpatizantes en el recorrido desde el aeropuerto hasta el centro de San José. A la par de sus estudios primarios y secundarios en el Colegio La Salle vive la reconstrucción del Partido Republicano y la campaña electoral de 1961-62. en la cual su padre vuelve a ser candidato presidencial. Más tarde ingresa a la Universidad de Costa Rica, graduándose de abogado en 1977. En 1970 muere su padre y podemos afirmar que ahí comienza su carrera política.
Participa activamente en la juventud del Partido Unificación Nacional, es nombrado miembro de la junta directiva de la Caja Costarricense del Seguro Social y en febrero de 1974 resulta electo diputado por la provincia de San José. Entretanto se ha unido en matrimonio con Gloria Bejarano, una joven mexicana a la que conocía desde la infancia y también proveniente de una familia de políticos.

En la Asamblea Legislativa Rafael Ángel Calderón Foumier aprende dos cosas: el arte de la negociación y los alcances y limitaciones de su propio partido. esto es Unificación Nacional. En el primer aspecto, fue fundamental el ejemplo del entonces Presidente de la República Daniel Oduber.

En efecto, con un total de 27 diputados del PLN el primer mandatario no tenía más remedio que negociar continuamente con los diversos partidos de la oposición, en ese momento más fragmentada que nunca; y es obvio que en el arte de ese entendimiento Oduber conjugaba una larga y experimentada carrera política con dotes personales que le han sido unánimemente reconocidas. Por otra parte. detrás de los diputados de Unificación Nacional quien manejaba los hilos era don Paco Calderón Guardia, otro personaje que en política "se las sabía todas" o "casi todas". Al mismo tiempo Rafael Ángel Calderón Foumier se fue formando una convicción profunda; la Unificación Nacional, alejada de las bases y manejada por un cúpula de dirigentes que optaban por metas de corto alcance y seguro beneficio, nunca sería capaz de liderar una verdadera oposición al rol predominante del PLN. El siguiente evento importante ocurre el 14 de diciembre de 1975. En la Asamblea Nacional del Partido Unificación Nacional se enfrentan dos tesis en torno a la elección del próximo candidato presidencial: una, defendida por don Paco Calderón y la mayoría de la dirigencia, que propone una convención cerrada en la que participarían únicamente aquellos con cargos dirigentes dentro del partido; otra, sustentada por Rafael Ángel Calderón Foumier y algunos dirigentes, que propugna por una convención abierta, de amplia participación popular. Luego de varías horas de debate y ante la evidencia de que triunfará la propuesta de convención cerrada, Calderón Fournier y sus partidarios optan por renunciar al Partido Unificación y deciden formar una nueva agrupación política. Así nace el Partido Republicano Calderonista. inscrito a escala nacional en julio de 1976. La decisión tomada por Rafael Ángel Calderón Fournier fue atrevida pero también reveladora de su capacidad como dirigente; con un grupo de fieles allegados se dio a la tarea de formar el nuevo partido y participó en las negociaciones entre las diversas agrupaciones tendientes a formar un frente único para enfrentar al PLN en las elecciones de 1978.

El siguiente paso crucial ocurrió en 1977, cuando se realizó la votación de convención abierta para escoger al candidato de la Coalición Unidad; Miguel Barzuna, el precandídato apoyado por el Partido Republicano Calderonista y otros sectores fue vencido por Rodrigo Carazo.

En ese momento decisivo, y enfrentando fuertes presiones para salirse de la apenas naciente coalición, Rafael Ángel Calderón Fournier resuelve respetar el veredicto de las urnas y continuar con lo pactado. Lo que sigue es bien conocido, Carazo y la Coalición Unidad triunfan brillantemente en las elecciones de 1978; entretanto Calderón Fournier ha participado activamente en la campaña política y su figura empieza a brillar con luz propia. Mesura, responsabilidad y pasión -las tres cualidades señaladas por Weber-se manifiestan con toda claridad en los episodios reseñados. A ello hay que agregar otro aspecto que
cobrará su plena dimensión recién en la campaña electoral 1981-82: la figura de Calderón Fournier es carismática.


En el gobierno de Carazo, Calderón Fournier ocupa la cartera de Relaciones Exteriores. Ello le permite adquirir experiencia directa en el gobierno pero a la vez consigue guardar distancia con respecto al manejo de la política hacía Nicaragua. El 1 de agosto de 1980 renuncia a la cancillería para dedicarse a actividades electorales. Comienza entonces el largo y difícil camino hacia la elección de 1982; hay que ganar la candidatura (algo que logra con facilidad en la convención del 22 de febrero de 1981) y hay que conservar unida la Coalición (algo mucho más problemático pero finalmente obtenido). Por otra parte, las perspectivas de ganar en febrero de 1982, dada la aguda crisis económica y la notable impopularidad del gobierno de Carazo, eran pobres. En esas circunstancias dedicarse a la campaña con la intensidad y habilidad con que lo hizo Calderón Fournier constituye otra prueba de las cualidades mencionadas en el párrafo anterior. El resultado neto de la votación obtenida en febrero de 1982 fue la posibilidad consolidada enseguida gracias a una notable habilidad negociadora de llegar a un partido unido (el PUSC) que se constituyera en oponente principal del PLN. El que dicho partido fuera fuerte, tanto electoral como ideológicamente, es algo que se conquistó recién entre 1984 y 1986 y en lo que tuvo también influencia predominante el liderazgo de Rafael Ángel Calderón Fournier (Congreso Ideológico, organización del partido, resultado electoral de febrero de 1986). El triunfo final en la elección de 1990 confirmó así un esfuerzo de dos décadas y una conducción política que fue creciendo en forma constante y regular.

En las tres campanas en que Calderón Fournier fue candidato se reveló con claridad lo carismático de su figura. Lo seguían jóvenes y ancianos, profesionales, obreros y campesinos; despertaba adhesiones y daba confianza a los sectores más diversos del entorno social. Al igual que su padre Calderón Fournier desplegó un notorio carisma personal. Hay que agregar a ello, sin embargo, otras cualidades. La llegada al gobierno después de veinte años de lucha política, pasando por la organización y consolidación de un partido y la participación en tres campañas, constituyen un signo claro de que Calderón Fournier no cayó ante el pecado de la vanidad, ese peligro que Weber consideraba como el enemigo más serio de todo político exitoso.
Miguel Ángel Rodríguez Echeverría

La carrera política de Miguel Ángel Rodríguez contrasta notablemente con la de Calderón Fournier. Nacido en San José el 7 de enero de 1940 se distinguió desde joven por sus méritos académicos, siguiendo estudios de derecho y economía en la Universidad de Costa Rica. En sus aulas recibió la influencia de Alberto Di Mare y sintió también el atractivo de disciplinas como la filosofía y la ciencia política. Muy joven continuó estudios de posgrado en la Universidad de California (Berkeley) obteniendo el doctorado en economía en 1966. En ese mismo año fue llamado por don José Joaquín Trejos, recién electo presidente, para colaborar en su equipo de gobierno. Miguel Ángel Rodríguez ocupó la dirección de la Oficina de Planificación y Política Económica, fue director del Banco Central y en 1970 se desempeñó como Ministro de la Presidencia. Más que política, su activa participación en el gobierno de Trejos debe calificarse como técnica, es decir orientada al análisis y solución de problemas económicos en los que se destaca por su pericia profesional. En la décadas de 1970 y 1980 se desenvuelve sobre todo en la esfera privada, como economista y empresario en varias corporaciones agrícolas e industriales; desarrolla también labores docentes en la Universidad de Costa Rica y publica varios libros y artículos en los que predomina la orientación académica. Su regreso a la primera plana de la acción política ocurre en 1988. cuando lanza su precandidatura presidencial dentro del PUSC. Pierde la convención frente a Rafael Ángel Calderón Fournier pero es electo diputado para el periodo 1990-94. En la Asamblea Legislativa sobresale por su liderazgo, desempeñando la presidencia de la misma en el año 1992-93. Poco después renuncia a la diputación para ser candidato presidencial del PUSC en 1994. Pierde las elecciones frente a José María Figueres del PLN y se dedica de lleno a preparar de nuevo su candidatura para 1998.

Dentro del PUSC encabeza el Congreso Ideológico realizado en 1996 y lleva adelante una importante reforma estatutaria. Gana la candidatura sin oposición y el 1° de febrero de 1998 conquista la Presidencia de la República.

Aunque Miguel Ángel Rodríguez se destaca primero como académico y empresario, los inicios de su participación política remontan a 1957. Por relaciones de parentesco y amistad con la familia de Mario Echandi participa en la campaña electoral con vistas a las elecciones de 1958; milita en grupos católicos y desde sus años de estudiante universitario se interesa mucho por la filosofía social cristiana. Pero el joven Rodríguez se acerca a dicho pensamiento a través de la llamada Escuela de Friburgo; el estudio de autores como Friedrich von Hayek, Walter Eucken y Ludwig von Mises forma su personalidad y le proporcionan un conjunto de ideas que lo acompañará durante el resto de su vida. Su relación con Alberto Di Mare, José Joaquín Trejos y Fernando Trejos Escalante lo lleva enseguida a vincularse con la ANFE (Asociación Nacional de Fomento Económico) y desde allí comienza a participar en un gran debate ideológico con las corrientes que defienden la planificación centralizada (socialismo marxista) y una fuerte intervención de estado en la economía (social democracia). Desde entonces es claro su apego al concepto de "economía social de mercado" y su profunda admiración por los ejemplos de la Democracia Cristiana europea.

En 1977 apoyó la precandidatura de Miguel Barzuna y participó en la Coalición Unidad. Desde su fundación, y como miembro del directorio político nacional, pertenece al PUSC. Al interior de este partido, Miguel Ángel Rodríguez ha sido el adalid de la reforma económica, redefiníendo el papel y tamaño del estado en la economía, la necesidad de consolidar la apertura comercial y el énfasis en un crecimiento económico basado en la eficiencia y la competitividad.

El liderazgo de Miguel Ángel Rodríguez inició su carrera ascendente en 1988 y culminó con el triunfo electoral de 1998. Por sus características, es una conducción que en términos de la tipología weberiana corresponde clasificar como racional-legal: sus adherentes lo siguen por su capacidad político-administrativa y la solidez de sus conocimientos técnicos.

El éxito füturo del PUSC dependerá obviamente de muchos factores. Entre ellos hay que señalar la aparición de nuevos liderazgos. La ausencia de reelección presidencial desde la reforma al articulo 132 de la Constitución Política aprobada en 1969, obliga a ello. Aunque nada impide que un ex-presidente siga desempeñando roles políticos de conducción e influencia, es indudable que dicha limitación en el acceso al máximo poder formal acaba condicionando las posibilidades mismas de permanencia del liderazgo. En qué medida eso es bueno o malo para el sistema político es tema de mucha discusión; lo que en el fondo se juega es el alcance de la participación ciudadana y la encada en la toma de decisiones dentro de los regímenes democráticos.

ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS ELECTORALES DEL PUSC
La lucha política se decide en las elecciones celebradas cada cuatro años asi que conviene estudiar con cierto detalle los resultados de esas votaciones. Nos limitaremos a las elecciones presidenciales y a tres ámbitos espaciales: el país entero, las provincias y los cantones. Comenzaremos analizando el período 1978-1998. durante el cual existen primero la Coalición Unidad y luego el PUSC; enseguida retrocederemos hasta 1953 estudiando con cierto detalle las elecciones de 1958, 1966 y 1970. Por último discutiremos si existe o no un piso mínimo de votación a favor del PUSC, tal como parece ser el caso del PLN; para esto analizaremos los resultados electorales del Partido Republicano en 1962 y del PUSC en 1982.

En 1978 la Coalición Unidad triunfó en el Valle Central -y en particular en el área metropolitana- mientras que el predominio en los cantones "periféricos" (Guanacaste, zona sur. Limón, zona norte) era moderado. De un sólo golpe de vista se puede apreciar que el PLN sigue predominando en la mayoría del territorio nacional y que la victoria de Carazo se produjo sobre todo en las zonas más densamente pobladas del centro del país. En 1990 el patrón anterior no se mantiene. El PUSC triunfó precisamente en los cantones "periféricos" mientras que el PLN se mantuvo firme en el centro del país. En 1998 se repitieron las tendencias recién indicadas, observándose una importante reducción de las áreas de predominio del PLN.

Conviene pasar ahora a un análisis más detallado de dichas variaciones espaciales incluyendo también las elecciones de 1982. 1986 y 1994, ganadas por el PLN. Para esto utilizaremos un indicador más preciso que los porcentajes obtenidos por cada partido en cada cantón, y en vez de mapas emplearemos diagramas de "caja" (Box plots o Box and Whisker plots] con la distribución de cantones para cada una de las provincias. Los resultados se presentan en los gráficos 4,3, 4.4. 4.5, 4.6, 4.7 y 4.8. Como indicador del triunfo o derrota del PUSC utilizaremos la diferencia de votos obtenidos, en cada cantón, con respecto al PLN. Un valor positivo de esta diferencia indica obviamente un triunfo del PUSC y un valor negativo una derrota. Al reflejar en forma directa la cantidad de votos por la que se ganó o perdió, este indicador revela, en forma más adecuada que los porcentajes, el éxito o fracaso electoral en cada cantón.

Los gráficos o diagramas de caja permiten una lectura rápida y directa de la distribución de los datos; la "caja" contiene el 50% de los datos (la linea divisoria indica el valor de la mediana) mientras que las dos "aspas" o "manijas" se extienden aproximadamente un 20 a 25 % por encima y por debajo de la "caja"; los valores extremos [outlíers] se indican con pequeños círculos.

En la elección de 1978 (gráfico 4.3) se puede observar que, en general, la diferencia a favor de la Coalición Unidad fue reducida a excepción de los cantones Central de San José, Central de Alajuela, Central de Heredia. y Goicoechea- Por otra parte, la Unidad triunfó claramente (aunque por poco margen) en las provincias de Limón, San José, Puntarenas y Heredia. En Cartago y Guanacaste, en cambio el PLN dominó en aproximadamente la mitad de los cantones de dichas provincias. El graneo muestra con claridad el notable triunfo de la Unidad en los cantones Central de San José, Central de Alajuela y Goicoechea.

La elección de 1982 significó, como es sabido, un gran triunfo para el PLN. El gráfico 4.4 permite hacerse una idea bastante precisa de las variaciones espaciales de esa victoria. En primer lugar hay que notar que, a diferencia de otras elecciones, el PLN ganó en absolutamente todos los cantones. El triunfo fue, sin embargo, mucho más notable en los cantones Central de San José, Desamparados. Pérez Zeledón, Central de Alajuela, Central de Cartago y Central de Puntarenas. A nivel de las provincias también hubo diferencias: el margen fue mayor en Alajuela, Cartago, San José y Guanacaste, que en Heredia, Puntarenas y Limón.

En las elecciones de 1986 (gráfico 4.5) volvió a ganar el PLN. Su mayoría siguió siendo clara en las provincias de Alajuela, Cartago y San José; y volvió a apuntarse una notable victoria en los cantones Central de San José, Desamparados, Pérez Zeledón, Central de Heredia y Central de Cartago. Las cosas cambiaron, sin embargo en las provincias de Limón, Puntarenas y Guanacaste. En Limón el PUSC predominó sin discusión mientras que en Guanacaste y Puntarenas se apuntó el triunfo en más de las mitad de los cantones. Este dominio del PUSC en los cantones y provincias "periféricas" quedó ampliamente confirmado en las elecciones de 1990 (gráfico 4.6).
En 1994 el PLN triunfó sobre todo en las provincias de Alajuela, Cartago, Heredia y San José, mientras que Guanacaste y Puntarenas quedaron casi que compartidas con el PUSC en partes iguales; la provincia de Limón y el cantón de San José dieron en cambio grandes triunfos al PUSC.

En 1998 este patrón se repite con la diferencia de que el PUSC se impone ampliamente no sólo en la provincia de Limón sino también en las de Guanacaste y Puntarenas y más matizadamente también en la de Alajuela. En las provincias de San José, Heredia y Cartago se impone en cambio el PLN.

¿Considerando el conjunto de las seis elecciones celebradas entre 1978 y 1998 es posible discernir un comportamiento electoral común en algunos cantones? Para responder a esta pregunta se preparó el mapa 4.4.(p. 112) En él se representan con diferentes tramas el número de elecciones ganadas en cada cantón por el PUSC (o la Coalición Unidad en 1978 y 1982); la frecuencia máxima es 5, ya que no se registra ningún caso en que el PUSC ganara las 6 elecciones, y la mínima O. Los cantones marcados con tramas rayadas representan así las zonas de mayor fuerza del PUSC mientras que los indicados con tramas de puntos señalan zonas de predominio del PLN. La conclusión que puede extraerse de dicho mapa es relativamente clara: i) el PUSC domina en los cantones "periféricos"; n) el PLN predomina en los cantones del centro y el norte del país; iii) hay algunas zonas disputadas como el centro de la península de Nicoya y varios cantones del Valle Central.
En el graneo 4.9 se presentan los diagramas de caja para cada elección en el período 1978-1998, sin considerar las variaciones a nivel de provincias. Llaman la atención los valores extremos que se observan en las elecciones de 1978 y 1982. en particular referidas al cantón central de San José; la caja de 1982 surge como si fuera la imagen invertida de la de 1978, reflejando con claridad el fuerte desencanto de los electores que en 1978 habían votado por Carazo. En 1986 sigue habiendo algunos valores extremos que favorecen al PLN aunque también se observa un repunte notable del PUSC. En 1990, 1994 y 1998 las cajas son muy parecidas lo cual quiere decir que la victoria o

la derrota en una elección se decide con un leve desplazamiento de las diferencias hacia uno u otro partido. Esto constituye un claro indicador de la consolidación, en la década del noventa, de un verdadero sistema político bipartidista.

El período 1953-1974

La elección de 1953 se deja de lado debido a que la oposición al PLN no contaba con plenas garantías. El calderonismo seguía excluido de la participación política al igual que el Partido Vanguardia Popular y eso se reflejó en el abstencionismo que llegó al 33% del padrón electoral. Aunque Fernando Castro Cervantes, primero candidato presidencial del Partido Demócrata y luego también del Partido Unión Nacional, representó a la oposición coaligada, es obvio que no logró captar el voto calderonista; por otro lado, y debido a las imperfecciones del padrón electoral, parece que el abstencionismo real fue más elevado que el registrado.
En las elecciones de 1958 (gráfico 4.10) el triunfo de la coalición formada únicamente para la elección presidencial por los partidos Unión Nacional y Republicano fue muy claro en las provincias de Limón. Puntarenas y San José; la victoria en el cantón central de San José, donde la diferencia con el PLN fue de más de diez mil votos, resultó particularmente notable. En los resultados de esta elección vale la pena destacar también el hecho de que el cantón de San Ramón y el cantón de Pérez Zeledón se manifiestan ya como sólidos bastiones liberacionistas.

Dado que en las elecciones de 1962 la oposición al PLN se dividió en los partidos liderados por Ulate y Calderón Guardia, sus resultados se examinarán en la sección siguiente. En 1966 la oposición anti-liberación hasta volvió a presentarse unida, esta vez coaligada en el Partido Uniñcación Nacional. Los resultados de dicha elección (graneo 4.11), decidida como se sabe por un escaso margen de 4.220 votos, muestran que la diferencia a favor de la candidatura del profesor Trejos Fernandez fue mayor en las provincias de Limón, Puntarenas y San José. Una vez más, fue notable el triunfo anti-liberacionista en el cantón central de San José.


En las elecciones de 1970 (gráfico 4.12) el triunfo del PLN fue contundente, obteniendo el 54.8% de los votos. El Partido Unificación Nacional perdió en todas las provincias menos en algunos cantones de Limón y Puntarenas. Dado el dívisionismo de las fuerzas opositoras al PLN que imperó en las elecciones celebradas en 1974. es poco lo que se puede extraer de un análisis estadístico de la votación por cantones. Por esto mismo, se decidió excluir esta elección del presente estudio.


Considerando en conjunto las elecciones de 1958, 1966 y 1970 puede decirse que, en general, la oposición al PLN fue siempre más fuerte en las provincias de San José, Puntarenas y Limón que en el resto del país.

Las elecciones de 1962 y 1982
En las elecciones de 1962 el Dr. Calderón Guardia fue candidato presidencial por el Partido Republicano obteniendo el 35,3% de los sufragios válidos. En 1982, su hijo Rafael Ángel Calderón Fournier fue también candidato presidencial -esta vez por la Coalición Unidad- logrando un 33,6% de los votos. El contexto de ambas elecciones tuvo ciertas similitudes por lo que esos porcentajes podrían considerarse como una medida de lo que fue la base electoral calderonista, dispuesta a votar por el Dr. Calderón o su hijo, bajo cualquier circunstancia. En 1962 el Partido Republicano se enfrentó a un PLN unido bajo el líderazgo de Figueres y Orlich mientras que Otilio LIlate también se presentaba como candidato presidencial del Partido Unión Nacional. Era más que obvio que la figura del Dr. Calderón iba a movilizar hasta el último voto calderonista. En 1982 la situación era crítica para la Coalición Unidad que no tenia más remedio que cargar con la enorme impopularidad acumulada por el gobierno de Rodrigo Carazo; en esas circunstancias el candidato y nuevo líder de ese movimiento político realizó una campaña política relativamente exitosa que le permito obtener un 33.6% de los votos válidos. Es obvio también que en estas condiciones Calderón

Fournier capitalizó todos los votos calderonistas más algunos otros (partidos Demócrata Cristiano. Unión Popular y Renovación Democrática) todavía leales a la Coalición Unidad.

Ahora bien, para que este argumentó de una base electoral calderonista se sostenga es necesario probar con más detalle la similitud de resultados entre ambas elecciones. El primer elemento a favor son los porcentajes obtenidos en ambas elecciones a nivel nacional. Como puede verse en el cuadro de la página 102 a nivel de provincia las diferencias también son mínimas en San José, Cartago, Heredia y Guanacaste; sin embargo, no ocurre lo mismo en Puntarenas. Limón y Alajuela. A nivel de cantón la situación es más compleja.12'El coeficiente de correlación entre ambas elecciones es de únicamente 0,17, lo cual indica que en general no existe asociación significativa.

Conviene entonces examinar las diferencias porcentuales por cantón entre ambas elecciones para identificar así aquellos en las cuales esas diferencias fueron mínimas. Los resultados de este análisis se presentan en el cuadro de la página 102. Como puede verse hay 34 cantones (un 42% del total de cantones) en los cuales dichas diferencias no sobrepasan el 5%; asi pues estos cantones son los únicos en los cuales parece haber existido un comportamiento electoral verdaderamente similar

Podemos ahora comparar los diagramas de caja correspondientes a las elecciones de 1962 y 1982 (gráfico 4.13). Es notable la mayor variabilidad de tos porcentajes de votos obtenidos por cantón en 1962; en dicha elección el Partido Republicano obtuvo más del 50% de los votos válidos en los cantones de Osa, Aguirre, Golfito y Siquirres. Este fenómeno puede percibirse con más detalle en el gráfíco 4.14 en que se presentan los resultados de la elección a nivel de provincias; tanto en Puntarenas como en Limón el Partido Republicano obtuvo una elevada votación, y en varios cantones de la provincia de Heredia y algunos de San José ésta superó con creces el promedio del 35% obtenido por dicho partido a nivel nacional.

La victoria del Partido Republicano en cantones del Pacífico Sur y Limón parece revelar que contó con el apoyo masivo de los obreros bananeros, una fuerza social de primera importancia en esa zona y en la cual la influencia comunista era manifiesta. En 1982, en cambio, la situación fue diferente; había partidos de izquierda legalmente constituidos y éstos lograron elegir un diputado por la provincia de Limón y otro por la de Puntarenas. Es obvio que en 1982 el voto de los obreros bananeros parece haber ido sobre todo a los partidos de izquierda.

Lo analizado permite sostener, con cierta moderación, la hipótesis de que existe una base electoral calderonista relativamente estable, con un piso mínimo de un 35%. La comparación efectuada, sin embargo, tiene limitaciones ya que implica que variables como las migraciones internas, el proceso de urbanización y el cambio generacional tienen poca incidencia en la conformación de dicha base electoral. Esto nos lleva a reflexionar sobre qué es lo que determina una cierta estabilidad del voto por ciertos partidos, o en otros términos responder al interrogante de, en qué medida y hasta qué límites, el ciudadano está dispuesto a cambiar una preferencia partidaria que viene predeterminada por su entorno familiar y quizás también otras variables estructurales.

La estabilidad del comportamiento electoral

El argumento de una base electoral mínima de 35% correspondiente al calderonismo es simétrico de otro relativo al PLN. En este caso, la elección de Oduber en 1974 lograda por un 43.4% de los votos válidos representaría el piso mínimo de votos liberacionistas; es significativo que este porcentaje es muy parecido al que obtuvo Orlich en 1958, cuando perdió las elecciones frente a Echandi, y también casi igual al que cosechó Luis Alberto Monge en 1978 al caer derrotado frente a Carazo. Ahora bien. si estimamos el componente no calderonista del caudal electoral del PUSC en alrededor de 10%125 llegamos a un 45% como posible piso mínimo de votos social cristianos. Nótese que fue precisamente una cifra parecida de votos la obtenida por Calderón Fournier en 1986 y Miguel Ángel Rodríguez

en 1994, cuando perdieron las elecciones. Si esto es cierto, se imponen dos conclusiones: i) el bipartidismo está realmente consolidado en la vida política costarricense del último tercio del siglo XX; ii) las campañas políticas sólo
tienen como función el conquistar un porcentaje relativamente pequeño de indecisos y mantener la lealtad de una masa electoral ya casi enteramente decidida.

Una prueba definitiva de esta hipótesis requeriría de una amplia encuesta para estudiar las actitudes políticas básicas del costarricense incluyendo un análisis cuidadoso de la socialización política en todas sus dimensiones. Mientras tanto, sólo se puede continuar con estimaciones indirectas del citado fenómeno. Una de éstas es el estudio estadístico de las llamadas probabilidades de transición en las preferencias de los electores.

En el caso de Costa Rica, Osear Hernández ha tratado el tema para las elecciones del periodo 1962-1994 siguiendo una metodología que ha sido aplicada al estudio de las elecciones británicas.

El problema consiste en estimar que proporción de los electores que votaron por un determinado partido en una elección, votan por el mismo partido, cambian de partido o se abstienen en la elección siguiente; también hay que incorporar los nuevos electores, que votan por primera vez disponiendo de esas mismas tres posibilidades. El análisis tiene que ser indirecto ya que sólo se dispone de los resultados a nivel cantonal, careciéndose de información directa sobre las preferencias individuales. El método empleado por Hernández requiere los siguientes pasos: i) definir las ecuaciones necesarias para describir las diferentes posibilidades de cambio, tanto en los electores viejos como en los nuevos (votar por el mismo partido, votar por otro partido o abstenerse); ii) calcular los valores de las proporciones o probabilidades de cambio (o "transición") en cada cantón; iii) estimar mediante un ajuste de mínimos cuadrados con restricciones las probabilidades que corresponderían al conjunto del país.

Un ejemplo de los resultados que produce este método de estimación son las probabilidades de transición entre las elecciones de 1986 y 1990.

 

POLÍTICA SOCIAL Y PARTICIPACIÓN POPULAR COMUNITARIA:
UN LEGADO PARA EL SIGLO XXI

Reformismo y participación popular

La reforma aparece como una necesidad de equilibrio en el curso del desarrollo económico; por definición, éste es "desbalanceado" o "desequilibrado" en el sentido de que la expansión de unos sectores y regiones dejan atrás a otros, mientras que ocurre algo parecido con el éxito económico de ciertos grupos y el retraso o fracaso de otros. Según Albert Hirschman, uno de los estudiosos más perceptivos en esta materia, esta función reformista incluye la redistribución de la riqueza generada por el desarrollo pero tiene un carácter más amplio: se trata de "correctivos" que es necesario aplicar para solucionar las tensiones provocadas por los más variados tipos de desbalance. Aunque la variedad de tipos y circunstancias que caracterizan a los procesos reformistas es muy grande, y sólo pueden entenderse a plenitud en el contexto histórico específico de cada país, es posible distinguir en ellos dos grandes épocas o fases. La primera, típica de la segunda mitad del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, estuvo centrada en el conflicto entre capital y trabajo originado en la propia dinámica de la industrialización. La segunda, perceptible a partir de la década de 1960 y completamente visible en las cercanías del año 2000, se inscribe en las tensiones provocadas por el triunfo mundial de una civilización urbano-industrial basada en la economía de mercado y caracterizada por grandes desigualdades (entre países, y entre regiones y grupos sociales dentro de cada país).

 

La primera fase se caracterizó por luchas obreras reivindicando mejores sálanos y condiciones de trabajo y culminó con la adopción de una legislación de protección y garantías para los trabajadores. En su vertiente más radical las luchas obreras alimentaron el desarrollo del movimiento socialista, el cual se dividió durante la Primera Guerra Mundial en dos corrientes distintas: la reformista encarnada en los partidos socialistas del occidente europeo y la revolucionaria, representada por el comunismo soviético.

La doctrina social de la Iglesia formulada a partir de la encíclica Rerum Novarum (1891) se inscribe precisamente dentro de los planteamientos que buscan una solución reformista moderada de la entonces llamada "cuestión obrera" o "cuestión social". La organización de sindicatos y la protección de los derechos de los trabajadores, mediante una nueva legislación constituyeron los momentos esenciales de este proceso de transformación social que, iniciado en los países industrializados, se fue extendiendo después a escala mundial. La tónica de esta etapa reformista fue de institucionalizar las reivindicaciones bajo la mirada de una organización estatal que asumía cada vez más funciones de regulación e intervención en el campo económico y social. Dentro .de este contexto general es obvio que hubo grados muy diferentes de intervencionismo: en un extremo hay que situar la estatización completa de la economía que caracterizó al comunismo soviético y fue imitada en muchos países del Tercer Mundo después de la Segunda Guerra Mundial: en el otro, el principio de subsidiaridad de la acción estatal propugnado por la encíclica de León XIII; entre ambos, hay que ubicar el estado benefactor, defendido y teorizado por el laborismo inglés y la social democracia alemana.

Este primer modelo reformista tenía, en todas sus variantes, un sustrato común: las reformas requerían casi siempre de una respuesta o acción de los servicios del estado. Esto condujo a lo largo del tiempo, no sólo a ampliar notablemente el ámbito de la actividad estatal sino también a aumentar terriblemente la burocratización. El crecimiento del sector "terciario", es decir de los servicios, no fue acompañado, como había sido el caso con la revolución industrial, por un incremento sostenido de la productividad. Jean Fourastier podía asi afirmar en 1962:
"El aumento del rendimiento del trabajo en las actividades terciarias es poco o ninguno. Los sondeos y mediciones efectuados revelan o total estancamiento o leve adelanto y hasta sensibles regresiones que afectan a la mejora de la calidad de los servicios prestados."

Este hecho constituye probablemente la explicación de fondo de por qué el estado benefactor encontró al cabo de cierto tiempo sus propios límites y sus íneficiencias comenzaron a ser cada vez más visibles y por ende criticadas.

Reformar el estado, achicarlo, hacerlo más eficiente, etc. fueron algunos de los toques de trompeta que anunciaron, primero con timidez y después con gran volumen sonoro, el advenimiento de una nueva etapa de reformas o ajustes correctivos.

La segunda fase reformista es mucho más reciente y se desenvuelve todavía en el mundo de hoy. Es más, posiblemente no se han producido aún en 1998, sus principales modalidades y desarrollos. Por esto mismo sólo pueden señalarse ciertas tendencias y posibilidades de evolución. Los principales conflictos generados por el triunfo a escala mundial del mundo urbano-industrial y la economía de mercado tienen que ver con desigualdades entre países, típicamente simbolizadas en la "brecha norte-sur", y desigualdades entre grupos y clases sociales por el acceso a las mil y una formas del consumo de masas. Temas como el empleo, la educación, la salud, la vivienda y sus servicios básicos, y la discriminación por sexo, etnia o discapacidad, pasaron a formar parte de la nueva agenda de reivindicaciones sociales, la cual ha sido resumida convenientemente en el concepto de desarrollo humano adoptado por varias agencias de las Naciones Unidas a finales de la década de 1980. La existencia de una "brecha social" creciente, en uno de cuyos polos se ubican grandes masas de gentes pobres y marginadas, es algo cada vez más típico de los países en vías de desarrollo. La "nueva cuestión social" es así bastante diferente de lo que fue la situación obrera en la primera fase reformista. La urgencia ahora no es garantizar derechos como el de huelga o el de sindicalización, o una jornada de trabajo de ocho horas y vacaciones pagadas; el imperativo consiste en cómo lograr que una gran masa de población marginada pueda empezar a acceder a las necesidades básicas definidas según los patrones del alto consumo de masas.

La diferencia entre esta segunda fase y la primera no se limita a lo que podríamos considerar como el "contenido" de la cuestión social. También incluye los instrumentos necesarios para vencer la pobreza y lograr una mejor calidad de vida. El estado benefactor ha empezado a mostrar sus límites; la organización popular no pasa ahora por la formación de sindicatos y tiene poca expresión en los grandes partidos políticos de alcance nacional; sus formas más originales y novedosas caben por lo general en el concepto de participación popular comunitaria.

Según la Oficina Panamericana de la Salud ésta se caracteriza por un:

"Proceso de autotransformación de los individuos en junción de sus propias necesidades y las de su comunidad que crea en ellos un sentido de responsabilidad. en cuanto a su bienestar asi como la capacidad de actuar consciente y constructtüomente en el desarrollo."

Resaltan, en esta definición rasgos objetivos ya que "por medio de su organización (los miembros de la comunidad) elaboran, ejecutan, evalúan y controlan las decisiones que les conciernen"; a la vez hay también aspectos subjetivos o de conciencia y aprendizaje. La participación continua "provoca en las personas un ánimo participativo que es la conciencia operante, la vivencia de pertenecer a un 'todo' con intereses, fines y valores comunes." Algo esencial en la participación comunitaria es que se aplica a un entorno institucional inmediato: familia, comunidad local, grupo ocupacional. lugar de trabajo, etc. y se propone metas concretas en relación con ese mismo entorno. El estado o los organismos no gubernamentales que a menudo intervienen en estos proyectos tienen únicamente un rol coadyuvante, y lo mismo puede decirse del promotor social o activista que asesora, impulsa o da fuerzas en los momentos críticos; el protagonismo corresponde en todo caso, a los propios participantes interesados.

En 1983, luego de observar una gran cantidad de proyectos de "desarrollo popular" en seis países latinoamericanos, Albert Hirschman llegó a la conclusión de que:

"Una densa red de tales movimientos, en con/unto con gran número de organizaciones activistas sociales deberá cambiar el carácter tradicional de las sociedades latinoamericanas en diversas formas, la mayoría de las cuales no han sido aun bien comprendidas. Pero parece seguro afirmar que. con semejante red. las relaciones sociales se volverán de mayor interés mutuo y menos privadas, Sabemos ahora que ciertos tipos de regímenes dependen, para su estabilidad y autoridad índiscutída, de la completa privatización, de las vidas de sus ciudadanos."

Este comentario de Hirschman se refiere al potencial democratízador de las experiencias de participación comunitaria, gracias al desenvolvimiento del interés mutuo o sea al desarrollo de diversas formas de solidaridad.

En suma, la participación popular comunitaria se ubica como una forma de participación ciudadana, más allá del estado benefactor y mas acá de la organización sindical y política tradicionales. El acento está puesto en la propia acción y organización de los interesados que buscan así mejorar su calidad de vida. El avance hacía formas de autogestión y cogestión empresarial es otra de las espec-tativas abiertas, en forma novedosa, por el desarrollo de la participación popular comunitaria.

Hasta ahora he presentado este segundo movimiento reformista sin incluir específicamente los aportes social cristianos. En las experiencias de participación popular comunitaria han intervenido ideologías y organizaciones muy diversas, desde iglesias cristianas hasta organizaciones no gubernamentales, pasando por agencias internacionales y organismos de gobierno; los promotores sociales pertenecen por lo común a sectores medios profesionales. Sin embargo, y a pesar de esta variedad de orígenes ideológicos, hay que decir que tanto en la teoría como en la práctica de la participación popular comunitaria los aportes social cristianos han tenido y siguen teniendo, una importancia mayor.

La encíclica CentesÍnuis Annus. publicada por el Papa Juan Pablo II en 1991. al conmemorarse cien años de la Rerum Novarum, resume los principios básicos de la doctrina social de la Iglesia en estas materias, incorporando los aportes del Concilio Vaticano II y del propio Juan Pablo II; por eso mismo conviene tomarla como un texto básico de referencia.

El trabajo es visto como fuente de la solidaridad humana:

"Mediante su trabajo el hombre se compromete no sólo en favor suyo, sino también en favor de tos demás y con tos demás; cada uno colabora en el trabajo y en el bien de los otros. El hombre trabaja para cubrir las necesidades de su familia, de la comunidad de la que forma parte, de la Nación y. en deftniiiva, de toda la humanidad. Colabora, asimismo, en la actividad de los que trabajan en la misma empresa e igualmente en el trabajo de los proveedores o en el consumo de los clientes, en una cadena de solidaridad que se extiende progresivamente. "

Por esto mismo, la Iglesia se opone al predominio absoluto del capital y de la propiedad privada que no está al servicio del bien común, proponiendo como alternativa: una "sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y en la participación".

La empresa debe ser vista como algo más que una institución que busca beneficios:

"La empresa como comunidad de hombres que, de diversas maneras, buscan la satisfacción de sus necesidades Jundamentales y constituyen un grupo particular al servicio de la sociedad entera. Los beneficios son un elemento regulador de la vida de la empresa, pero no el único; junto con ellos hay que considerar otros/actores humanos y morales que, a largo plazo, son por lo menos igualmente esenciales para la uida de la empresa."

En el mundo de hoy (1991) la gran mayoría de los habitantes del Tercer Mundo se enfrentan a una situación de marginación, pobreza y explotación, mientras que en las sociedades avanzadas de Occidente la enajenación o alienación en el consumo y el trabajo impiden al hombre "experimentar su personalidad auténtica y concreta".141 En parte, todo esto se debe a una mentalidad individualista exacerbada; para superarla se requiere un "compromiso concreto de solidaridad y caridad" que comienza en la familia y se extiende a otras sociedades intermedias en las cuales la participación impide que las personas "caigan en el anonimato y en una masilicación impersonal"

De los textos citados queda claro que la participación va indisolublemente unida a la solidaridad y no es un simple desempeño de normas sociales definidas institucíonalmente. La participación modela la conciencia de los individuos y les permite insertarse como personas en la vida social. No se trata de la concepción abstracta de un ciudadano, "animal político" del estado-nación. ni de un consumidor racional que maximiza utilidades gracias a su participación en el mercado; viniendo del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica no podíamos menos que reencontrar una visión totalizadora y trascendente del ser humano.

La doctrina desarrollada en la encíclica Centesimas Annus sistematiza, en parte, lo que ha sido la práctica de la participación popular inspirada en los principios social cristianos.144 Aquí el espectro es ciertamente amplio, ya que cubre desde la Acción Católica ("colaboración de los laicos en el apostolado jerárquico") hasta las comunidades eclesiales de base que comenzaron a desarrollarse en el nordeste brasileño bajo la guía de Monseñor Helder Cámara hacia 1960; en medio de estos extremos hay que ubicar las experiencias de la democracia cristiana chilena y venezolana, y los resultados de la investigación social liderada en Francia por el padre dominico Luis José Lebret y en Chile por el jesuíta Roger Vekemans.
Más allá de la amplitud y variedad de estos ejemplos, interesantes en sí mismos, hay que subrayar que las experiencias de participación popular comunitaria cobran nuevo relieve en el contexto actual de crisis del estado benefactor, cuando la búsqueda de nuevas formas de organización y participación se torna particularmente imperativa. Conviene aclarar enseguida que en esta búsqueda el pensamiento social cristiano no tiene, ni pretende tener, soluciones exclusivas o definitivas; se propone, eso si, servir de guia operativa y fuente de inspiración, a una práctica cuyo principio y fin sólo puede estar en manos de los propios actores. Por esto mismo, el estudio de las experiencias exitosas o potencialmente valiosas que ocurrieron en el pasado es algo que no puede dejarse de lado.

Algunas experiencias de participación popular comunitaria en Costa Rica

Las reformas sociales realizadas bajo el gobierno del Dr. Calderón Guardia fueron estudiadas en el primer capítulo de este libro. Para fijar las ideas conviene recordar sus rasgos fundamentales: las garantías sociales (1942) y Código del Trabajo (1943) constituían una legislación protectora de los derechos de los trabajadores, mientras que el seguro social obligatorio (1941) creaba un fondo con contribuciones del estado, los trabajadores y los patronos para cubrir los riesgos de enfermedad, vejez, invalidez y muerte de los asegurados; para manejar este fondo se organizó una institución autónoma y centralizada denominada Caja Costarricense del Seguro Social. Estas reformas fueron concebidas siguiendo muy de cerca la doctrina social de la Iglesia.

Los primeros beneficiarios de estas reformas fueron obreros urbanos y artesanos. La cotización era obligatoria únicamente para los que ganaban un salario tope de 400 colones mensuales y la prestación de atención médica se limitaba a las ciudades de San José, Alajuela, Heredia y Cartago. La extensión de los servicios y cobertura de la Caja fue muy lenta; recién en 1958 se elevó el tope salarial a 1.000 colones y en 1971 se aprobó la universalización de las cotizaciones. En 1960 sólo el 15% de la población estaba asegurada; en 1973 se llegó a una cobertura del 60%, lo cual refleja ya la mencionada universalización.

Esta lentitud en la extensión de los servicios de la Caja se explica por varias razones: a) la cotización, que al principio era vista como un nuevo impuesto, encontró oposición no sólo en los grandes empresarios sino también en los pequeños y medianos productores agrícolas e incluso en los trabajadores rurales; b) los principales beneficiarios del sistema tenían poca información sobre el mismo y la actitud de las autoridades estaba dominada por el pater-nalismo; c) el estado se atrasó repetidamente con las cuotas y empezó a acumularse una deuda que al final resultó imposible de pagar.

Después de 1948 el desarrollo del estado benefactor fue notable. El proyecto social demócrata impulsado por el
PLN promovió el desarrollo económico y la redistribución de la riqueza utilizando como instrumentos el crédito bancario y los servicios proporcionados por una gran cantidad de instituciones autónomas. El contraste entre estas reformas y las desarrolladas por el Dr. Calderón Guardia es notable. Asi por ejemplo, en el caso social demócrata el crédito de la banca nacionalizada y servicios como la electricidad y los teléfonos no sólo operan como mecanismos de redistribución del ingreso: al mismo tiempo crean clientelas de beneficiarios que pueden aspirar a recibir todavía más. Logros como el seguro social o las garantías sociales no tienen, en cambio, este efecto multiplicador. Es obvio que esto determinó en mucho, además por supuesto del hecho de que calderonistas y comunistas fueran los grandes perdedores en la guerra civil de 1948, la conquista de nuevas lealtades políticas y electorales en el período 1950-1980.
Las Juntas Progresistas. asociaciones comunales que comenzaron a formarse en la década de 1920 pero que fueron recién legalizadas en 1939 durante el gobierno de León Cortés, constituyen un antecedente importante como proyectos de participación popular comunitaria.

El gobierno de Figueres las apoyó y así fue como luego de un reunión de más de 40 dirigentes comunales se formó, en 1955, la Asociación Nacional de Juntas Progresistas. En 1957 esta asociación pasó a constituirse como Federación con la finalidad de "luchar por el progreso material y moral", "colaborar con el gobierno nacional y local en toda obra de bien público" y vigilar para la "conservación de las obras ya establecidas."

Durantes las décadas de 1960 y 1970 las Juntas Progresistas orientaron sus luchas contra el alza de tarifas en los servicios públicos y en general los aumentos en el costo de vida, apoyaron fuertemente a los movimientos campesinos y bregaron por mejoras en los programas de vivienda. La lucha por evitar aumentos en las tarifas eléctricas alcanzó un momento culminante en 1958. El 15 de setiembre se produjo una gran manifestación que llegó a la Casa Presidencial. Entre los muchos discursos pronunciados se destacó el del diputado Guillermo Villalobos Arce, quien entre otras cosas dijo lo siguiente:

"Los Juntas Progresistas nos están enseñando a todos, como es posible que un pueblo, dividido desde sus dirigentes a la base por reiteradas divergencias políticas, pueda amalgamarse en un solo bloque de granito para actuar en defensa de los intereses estrictamente nacionales [...] Yo tengo que decir como costarricense, como miembro de un partido popular como mi Partido Republicano y como diputado f...j que estoy con la tesis nacionalista de las Juntas Progresistas y que levantaría con mis manos cualquier cartelón patriótico, de los que hoy manos honradas, han paseado por las calles."